Si bien aún no se ha dejado notar de manera generalizada, la actual crisis de materias primas está dejando una dura lección para la industria: no puede desaprovecharse nada. Aquí, la automotriz parte como alumna aventajada, al ser la primera en sufrir la escasez de semiconductores.
La respuesta al desafío tiene dos vertientes. La primera, la de la sostenibilidad, que aporta sistemas de ‘economía circular’ -entre otras soluciones- para maximizar el aprovechamiento de la materia prima en cuestión. La segunda, en un mundo donde estas últimas recorren miles de kilómetros hasta terminar en la fábrica, es la trazabilidad.
No en vano, determinar la procedencia ya no es una anécdota, mucho menos conocer qué manipulación ha podido sufrir ese material antes de llegar al primer paso de la cadena propiamente dicha. Es algo que la tecnología puede determinar con exactitud, gracias al protocolo ‘Blockchain’.
Por el ‘camino’ de la piel
Esta tecnología parece ser más rentable de aplicar cuanto más valioso sea el material. No es entonces de extrañar que, para algo tan sensible en estos tiempos como el cuero, Jaguar Land Rover haya decidido emplearla.
En una colaboración a varias bandas con Circulor -especialista en cadena de bloques-, Bridge of Weir Leather Company y la Universidad de Nottingham, el grupo británico ha desarrollado un sistema que comienza -una vez se obtiene el cuero ‘en bruto’- por crear un ‘gemelo electrónico’ del producto.
Dicho ‘material simulado’ sigue un proceso paralelo -en tiempos y lugares- al cuero real, pudiendo seguirse en cada etapa -desde el curtido hasta el corte y costura- mediante elementos como códigos QR, biometría y GPS. Para cuando el vehículo que recibe el cuero sale de la línea de montaje, queda un detallado registro. Éste asegura tanto su extracción respetuosa con el medio ambiente… como el cumplimiento de los estándares de calidad de Jaguar Land Rover en la confección.















