Movilidad

Los taxis sin conductor están a punto de llegar a España, pero… ¿de quién es la culpa si sufren un percance?

Los taxis sin conductor están a punto de hacerse realidad en España. Waymo, la compañía de conducción autónoma perteneciente a Alphabet, la matriz de Google, ha anunciado el inicio de pruebas de sus vehículos en la Comunidad de Madrid, antes de la entrada en funcionamiento del servicio en 2027.

Imagen de un taxi autónomo

La noticia supone un nuevo hito en la evolución de la movilidad urbana y confirma que la conducción autónoma está más cerca de lo que parecer… por lo que también es una buena ocasión para analizar los retos que puede plantear.

La llegada de estos vehículos plantea numerosas ventajas. Sus defensores destacan que los sistemas de conducción autónoma no padecen distracciones, no conducen bajo los efectos del alcohol ni sufren cansancio tras una larga jornada. Además, son capaces de analizar de forma continua -y con mucho más detalle que los humanos- su entorno gracias a la combinación de cámaras, radares y sensores láser conocidos como LiDAR, que generan una representación tridimensional del espacio que rodea al vehículo. Todo ello permite que el sistema tome decisiones de conducción basadas en enormes cantidades de información procesada en tiempo real.

Sin embargo, junto a todo ente entusiasmo aparece una pregunta imprescindible: ¿qué ocurre si uno de estos taxis sin conductor se ve implicado en un accidente?

La cuestión es compleja, aunque probablemente menos de lo que parece a primera vista. En un vehículo convencional, determinar responsabilidades suele centrarse en la actuación del conductor. En un robotaxi, en cambio, intervienen nuevos actores. Dependiendo de las circunstancias concretas, las responsabilidades podrían recaer: en el operador del servicio, en el fabricante del vehículo, en el desarrollador del sistema de conducción autónoma o incluso en un tercero que haya provocado el accidente. Dicho de forma sencilla, la desaparición del conductor no implica la desaparición de las responsabilidades; simplemente cambia quién debe asumirlas cuando se demuestra un fallo o una actuación incorrecta.

Precisamente por ello, las pruebas que se están realizando en distintos países se desarrollan bajo marcos regulatorios muy estrictos. Antes de permitir que un vehículo circule completamente solo, los operadores deben demostrar la seguridad de sus sistemas y acumular una enorme cantidad de datos sobre su comportamiento en condiciones reales de tráfico. De hecho, Waymo asegura haber recorrido cientos de millones de kilómetros y haber realizado millones de viajes en ciudades estadounidenses, experiencia que ahora servirá como base para adaptar su tecnología a las particularidades de la circulación española.

En este escenario aparece otro aspecto que cada vez adquiere más importancia: la ciberseguridad. Aunque muchas personas imaginan el riesgo de un ciberataque como algo excepcional, la realidad es que los vehículos modernos ya son auténticos ordenadores sobre ruedas. Tal y como nos recuerdan los expertos del Área Técnica de EUROCYBCAR -cuya CEO y fundadora es Azucena Hernández-, un robotaxi necesia de software avanzado, sistemas de comunicación, sensores y mecanismos de actualización que deben mantenerse protegidos frente a posibles amenazas digitales.

No obstante, lejos de ser un obstáculo para la adopción de esta tecnología, la ciberseguridad se ha convertido en uno de sus principales aspectos. Los fabricantes desarrollan sus plataformas siguiendo requisitos de protección cada vez más exigentes y someten sus sistemas a pruebas constantes para detectar vulnerabilidades antes de que puedan ser explotadas. Además, igual que sucede con los teléfonos móviles o los ordenadores, los vehículos conectados pueden recibir actualizaciones que corrigen errores, mejoran prestaciones e incorporan nuevas medidas de seguridad.

Este punto resulta especialmente interesante porque demuestra que un vehículo no tiene por qué mantener durante toda su vida útil exactamente las mismas capacidades con las que salió de fábrica. Gracias a las actualizaciones de software, los sistemas pueden evolucionar, perfeccionar determinadas funciones y reforzar sus mecanismos de protección frente a amenazas emergentes. Desde EUROCYBCAR nos recuerdan desde hace años la importancia de mantener actualizados todos los dispositivos conectados, incluidos aquellos que forman parte de las nuevas infraestructuras de movilidad. En otras palabras, disponer de una actualización de seguridad es positivo, pero resulta igualmente importante descargarla e instalarla a través de canales legítimos y seguros.

La ciberseguridad también desempeñará un papel clave en la confianza que los ciudadanos depositen en estos servicios. Al fin y al cabo, el éxito de los robotaxis no dependerá únicamente de que sean técnicamente capaces de conducir por sí solos, sino de que los usuarios perciban que son seguros tanto en el mundo físico como en el ‘virtual’. En este sentido, compañías como Waymo, fabricantes de automóviles, reguladores y especialistas en seguridad informática comparten un objetivo común: que la movilidad autónoma sea fiable y ‘resistente’ frente a cualquier incidente.

Por supuesto, ningún sistema es perfecto y los accidentes seguirán existiendo, como ocurre hoy con cualquier medio de transporte. La diferencia es que, en el caso de los vehículos autónomos, cada incidente proporciona información valiosa para seguir mejorando los algoritmos, los sensores y las medidas de protección. Se trata de una evolución continua que combina ingeniería, regulación y ciberseguridad con el objetivo de reducir riesgos y aumentar la seguridad vial.

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