Es innegable que la crisis del coronavirus ha detenido -casi ‘en seco’- el ritmo de funcionamiento del mundo. Y, con él, el de los millones de vehículos que se ocupaban de mantenerlo.
Dejando a un lado excepciones -por ser consideradas esenciales- como los transportistas o las ambulancias, la mayoría de colectivos se han visto obligados a aparcar sus máquinas y permanecer confinados, a la espera de una mejora en la situación. Y, en tierra de nadie, quedan sectores como el del taxi, que se mantienen bajo mínimos tras sufrir graves pérdidas de toda clase.
En Londres, sus compañeros permanecen confinados en sus casas, sin poder trabajar. Y, al igual que sucede con tu coche, los suyos -sus herramientas de trabajo- también sufren las inclemencias de pasar mucho tiempo parados.
Una ‘carrera’… contra el deterioro
La mayoría de estos taxis son, actualmente, eléctricos. Los fabrica la London Electric Vehicle Company, una firma propiedad del gigante chino Geely que -como manda su tradición- posee la exclusiva de suministro de dichos vehículos en la capital británica. Aunque ello no les impide, por ejemplo, fabricar derivados para otros menesteres.
Ante la actual situación, la marca ha publicado una pequeña guía con algunos consejos básicos de mantenimiento. Algunos de ellos son muy sencillos de realizar como, por ejemplo, mover el coche cada quince días -aunque sea hacia delante y hacia atrás- para evitar que los neumáticos se deformen.
Sin embargo, la complejidad de su sistema de propulsión eléctrica requiere un mayor tacto. De cara a mantener la eficacia de su batería, recomiendan que el nivel de carga no baje nunca del 75%.
En cuanto a la ‘otra batería’ -la corriente de 12 voltios-, LEVC explica un curioso procedimiento para mantenerla ‘en pie’: con el motor encendido y el freno de mano echado, basta con seleccionar la marcha directa y mantener el vehículo así durante 15 minutos.
Por último, para preservar el funcionamiento del motor de rango extendido -que equipan de serie estos taxis-, conviene mantener su depósito de combustible siempre lleno. De esta forma, se evita crear peligrosas -y dañinas- humedades por efecto de la condensación.















