En no pocas ocasiones, los entusiastas del automóvil somos considerados como ‘locos’ cuando consideramos esta máquina como un ‘animal de costumbres’. Pero es que así es. La complejidad de hasta el más común de ellos propicia que sus mecanismos -y los materiales que los componen- modifiquen sus tolerancias en función del uso que se hace de ellos.
Un vehículo que realice todos los días un mismo recorrido soporta, por ejemplo, que su dirección efectúe siempre la misma cantidad de giros, y con la misma intensidad. También, sus frenos están acostumbrados a un determinado número de detenciones. Y el motor trabaja siempre en el mismo rango de revoluciones que marca tu actitud como conductor. Todo ello crea en cada parte una rutina de desgaste, la cual es perfectamente normal.
Pero dicha rutina deja, también, una ‘memoria’ sobre los componentes que refuerza su resiliencia. Es decir, que la costumbre aumenta su fiabilidad. Sin embargo, este ‘refuerzo’ puede desaparecer abruptamente… si cesa también dicha costumbre. Así pues, sin ese ‘entrenamiento’, nuestro coche se vuelve más vulnerable tras un largo tiempo parado. Exactamente, lo que ha ocurrido durante el confinamiento.
Aluvión en los talleres
Las grandes cadenas del mantenimiento ya han dado la voz de alarma. Desde Euromaster esperan que 12 millones de turismos -prácticamente la mitad del parque móvil español- deberán pasar por el taller antes de volver a circular de forma continuada.
Y es que la falta de rodaje de los coches -refrendada por las caídas de tráfico de hasta el 70% registradas por la DGT- es posible que derive en daños a componentes como las baterías, los neumáticos -su presión y estado- y el nivel de los líquidos como, por ejemplo, el aceite o el refrigerante. Todos ellos sufren ante la falta de kilómetros y, por tanto, deben ser revisados en su particular ‘desescalada’.

Tampoco los camiones se libran de su parte, si bien durante el confinamiento se han convertido en los ‘reyes de la carretera’. Se espera que más de 200.000 vehículos de transporte pesado tendrán también que ‘ponerse a punto’, para afrontar el regreso de los movimientos de mercancías a sus niveles habituales.















