Tecnología HC

¿Puede la aerodinámica explicar el coronavirus?

Sabemos que el coronavirus se contagia en la cercanía, pero ¿nos distanciamos lo suficiente de los demás cuando estamos en movimiento? Atento a esta curiosa perspectiva.

Imagen de un Estudio de Aerodinámica

Nuestras especialidades en HACKERCAR son el motor, la tecnología y la ciberseguridad. Por desgracia, la salud -la información más demandada ahora mismo- no forma parte de nuestra línea editorial.

O, al menos, no de manera explícita. Como bien sabes, el esfuerzo tecnológico se centra actualmente en combatir la pandemia. Las marcas de coches han aportado su fuerza productiva, especialmente con la fabricación de respiradores. Tampoco dejan de surgir aplicaciones móviles, que actúan como ‘alertas tempranas’ ante potenciales contagios.

Porque, ahora que parece haber pasado lo peor, ése es el objetivo principal de las autoridades sanitarias: evitar al máximo posible su expansión. Como norma general, nos han dicho que mantengamos una distancia de seguridad de, al menos, dos metros.

Dicha separación está basada en el alcance teórico de las gotículas que expulsamos por la boca al hablar, toser o estornudar cuando estamos quietos y de pie. ¿Pero qué ocurre cuando la persona está en movimiento?

Respuesta rápida: si caminas detrás de otra persona, aléjate todo lo que puedas. Y si echa a correr, aléjate mucho más todavía.

¿Por qué?

La respuesta larga a esta cuestión viene dada por una ciencia que los diseñadores de coches conocen muy bien: la aerodinámica. En todo momento y lugar, el aire roza con todo lo que toca. Y, por el principio de acción y reacción, cuando existe una fuerza de desplazamiento, su rozamiento es más severo.

Ilustrémoslo: una persona infectada con el virus está quieta, distribuyendo su carga vírica en un radio de dos metros en torno a él. Cuando empieza a caminar, el aire roza contra su cuerpo. Pero, también, contra las gotículas, las cuales desplaza en sentido contrario varios metros creando una estela invisible.

Supongamos que algo le motiva para echar a correr. En este caso, el aire roza contra él con mayor fuerza, lo cual propulsa las partículas infecciosas a mayor velocidad. Lo que al principio era una distancia fija de dos metros… ahora se ha convertido en un rastro de casi diez.

Image by elihudelvalle from Pixabay

Si, no contento con su velocidad, se sube a un vehículo descubierto -como, por ejemplo, una bicicleta-, la distancia de seguridad que debemos mantener para evitar la cortina de infección se vuelve exponencialmente mayor. Por término medio, para un ciclista sería necesario guardar unos 20 metros de separación.

Diego García
Licenciado en Periodismo, comencé mi andadura en prensa local con el Heraldo de Soria y terminé haciendo labores de comunicación para la Biblioteca Digital del Ayuntamiento de Madrid. Agradecido de poder expresar con mi trabajo mi amor por los coches. Petrolhead a tiempo completo y, cuando no estoy trabajando, pilotillo en simuladores de conducción. Sólo estoy vivo cuando estoy en la carretera. Creo firmemente en un uso responsable de la tecnología. Por ello, mi cometido aquí es contribuir a que la sociedad pierda el miedo frente a los avances y cambios que trae.

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