Expertos HC

¡Larga vida a los coches ‘no-excepcionales’!

¿Puede un viejo coche de los años noventa terminar sus días convertido en clásico? ¿Y, en tal caso, bajo qué condiciones? Una vez más, la respuesta la tienen -con su ejemplo- los aficionados del Reino Unido.

Entrada al Hagerty FOTU 2021
Photo Credit: Hagerty)

Trabajar en lo que más te gusta trae consigo un estilo de vida con ciertas peculiaridades que sólo comprenden quienes lo viven. Podrías pensar que, tras invertir ocho horas -o más- escribiendo sobre automóviles, lo único que quieres cuando apagas el ordenador es cambiar de tema.

Pero nada más lejos de la realidad. Las cuatro ruedas también son para mí el principal entretenimiento de mis ratos libres, los cuales aprovecho para estar al día de los debates más candentes entre la afición. Y he de reconocer que las discusiones sobre el concepto de ‘coche clásico’ jamás se enfrían.

Lo cual, en cierto modo, es comprensible. Salvo los años de antigüedad, no existe una magnitud inapelable que permita realizar una rápida distinción entre clásicos y automóviles ordinarios. De ahí que los clubes, los puristas y -cómo no- nuestras Administraciones Públicas se aferren a aquéllos con denuedo. No obstante, esta perspectiva encierra un defecto: el tiempo no se detiene nunca. Y esto implica lo que ya está ocurriendo: con mejor -o peor- voluntad, el propietario de un coche fabricado después de 1985 -que ya son unos menesterosos 36 añazos- aparece en el foro o la concentración de turno, buscando que lo acojan con los brazos abiertos.

Llegados a este punto, el resultado de este ‘abordaje’ dependerá de dos factores: la buena voluntad de los responsables del cotarro y, también, la actitud del ‘catecúmeno’ y las condiciones del vehículo que ingresa. Luego, en el mundo real, la cosa puede acabar de cualquier manera. Y, en cumplimiento de las leyes de Murphy, suele acabar mal, con discusiones que trascienden los límites de la cerrazón… y que no pocas veces comienzan por la surrealista -y desagradable- estampa de un viejo ‘coche de batalla’ estacionado con desgana junto a históricos impolutos.

En esta eterna contienda entre ‘clásicos clasistas’ y ‘amantes de los zarrios’ -riéte tú de la ‘Civil War’ de Marvel-, una amarga cuestión figura como telón de fondo. Y es que, mientras unos y otros pelean, el mundillo del clásico se muere. Las ferias tradicionales ya no arrastran tanto público como antes, y el mercadeo en torno a ellas se ha vuelto un coto exclusivo de grandes especuladores.

Y, cuando la crisis aprieta y los clásicos de renombre están más que vedados, el clásico ‘popular’ es el salvavidas del aficionado medio. Pero aquí viene lo preocupante: los ‘clásicos populares’ socialmente aceptados ya se encuentran más cerca de los 50 años que de los 30. Y, para colmo, sus cotizaciones ya hace tiempo que traspasaron el techo de lo absurdo. Ejemplos de este tipo de vehículo son ya conocidos: Seat 124, 600, 127 -y demás ‘parientes’-, Renault 7, 8 ó 10, Simca 1000, Ford Fiesta…

¿Qué hacer para evitar que este ‘estrangulamiento’ del mercado acabe con la afición? En la opinión de quien suscribe, sólo cabe una solución. Tenemos que replantear nuestro estándar de ‘clásico popular’. Y, sin alejarnos de unos criterios básicos, ser más tolerantes que nunca. Algunos se enorgullecen al proclamar que «si no somos pocos, no seremos ninguno». Pero la realidad circula en sentido contrario: no seremos ninguno… si no sumamos algunos más, a la de ya.

De nuevo, UK marca el camino

Como buen español, me abstengo de utilizar un urinario si no puedo, primero, comprobar que está orientado hacia Inglaterra. Pero no queda sino admitir que los hijos de la Pérfida Albión fueron los inventores de la pasión por el automóvil -no en vano, ningún otro país mantiene cabeceras centenarias sobre nuestra temática-. Y ello les cualifica como los creadores de las tendencias que los demás, a su debido tiempo, iremos imitando.

Este verano, me topé con una interesante publicación de Hagerty. Para quien no la conozca, se trata de una aseguradora británica especializada en clásicos. Sin embargo, lejos de limitarse -cual ‘Rastreator’- a ofrecer presupuestos, procura ‘arropar’ a sus clientes, ayudándoles en todos los ámbitos de su afición… e, incluso, organizando eventos muy bien acotados.

El más reciente de ellos, desde luego, ilustra bien cuál es el camino: a la guisa de los grandes festivales como Pebble Beach o Salón Privé, reunieron en el castillo de Grimsthorpe a un gran número de coches fabricados entre 1968 y 1989, pertenecientes a lo que ya denominan ‘la Era No-Excepcional’. De entre todos ellos, 50 fueron elegidos para participar en el concurso que determinaría al ‘vencedor’: un Proton 1.5 GL de 1989. Mención merece también el meritorio finalista, un Peugeot 106 XN ‘Graduate’ de 1991.

Ganadores del concurso Hagerty FOTU 2021
Un justísimo ganador: aparte de su condición prístina, no queda otro Proton igual en todo el Reino Unido. Toda su ‘estirpe’ lleva años desguazada. (Photo Credit: Hagerty)

¿Una broma de mal gusto? Para nada. Más bien, una necesaria visión del porvenir. Desde 2014, un grupo de jueces con experiencia -y grandes dosis de sensibilidad- eligen lo más ‘excepcional’ de lo ‘no-excepcional’ mediante un baremo único, el cual mezcla una buena conservación de la unidad con una catalogación de su rareza, medida en el número de ejemplares de la misma que aún siguen en circulación -dato que, en el Reino Unido, tiene fácil consulta a través de Internet-. Y, por supuesto, también tiene en cuenta el respeto a la originalidad. Nada de colores extraños, ni alerones ortopédicos, ni sistemas de sonido que despertarían la envidia de Ali G.

El punto final de esta ‘ecuación’ lo pone la historia particular de la relación entre cada máquina y su dueño, colmada de vivencias cuyo valor es -para los segundos- lo único que amortiza esas facturas del taller que superan su valor al peso como chatarra.

Recepción del evento Hagerty FOTU 2021
(Photo Credit: Hagerty)

Ésta es, pues, la clave de la cuestión: los sentimientos. Del mismo modo en que los puristas adoran los asentados ‘clásicos populares’ por lo que representaron en los mejores momentos de sus vidas, es lógico pensar que los nuevos aficionados, más jóvenes, miran con los mismos ojos a ‘los suyos’. Esos Ford Escort, Renault Supercinco, Opel Vectra… que siempre estuvieron ahí. Por ello, a pesar de la gran distancia -estética y tecnológica- entre los iconos de ambos ‘bandos’, tanto unos como otros evocan lo mismo: nostalgia. Algo que, por la supervivencia de la afición, debe -y puede- convertirse en la magnitud a tener en cuenta.

Requisito indispensable: los buenos modales

Eso sí, la nostalgia tampoco puede servir como ‘calzador’ para obligar a que los organizadores de concentraciones -o los administradores de foros, lo mismo da- acepten en su seno cualquier cosa. El ejercicio de empatía que acabamos de proponer a los puristas debe encontrar su respuesta en una actitud ejemplar por parte de los entusiastas novatos.

Cola de acceso al Hagerty FOTU 2021
(Photo Credit: Hagerty)

¿Qué implica esto para ellos -y ellas-? Para empezar, y dado que sus ‘youngtimers’ llamarán poderosamente la atención, es preciso que se encuentren en el mejor estado posible. Una pintura algo descolorida puede ‘pasar’ como una bella pátina, pero las abolladuras y raspones del día a día -amén de los desprendimientos de la laca- no tienen admisión posible. Lo mismo debe observarse con la mecánica: es mejor gastar unos euros y anticiparse a futuros desgastes… antes de que degeneren en la avería catastrófica que te estropee el fin de semana.

Sea más o menos antiguo, un coche añejo con buena ‘salud’ invita a acercarse para contemplarlo. Y es aún más atractivo si está de serie. La tentación del ‘tuning fino’ siempre está ahí, pues la mayoría de modelos de los 80 y 90 poseían en su momento vastos catálogos de accesorios que todavía puedes encontrar si eres avispado. Pero, como consejo general, si tienes dudas sobre si tal o cual pieza puede comprometer la originalidad… mejor no la instales, y guárdala hasta que aclares tus ideas.

Zona de picnic del Hagerty FOTU 2021
(Photo Credit: Hagerty)

Por último, otro consejo, éste ya más relacionado con el sentido común. A la hora de participar por primera vez en la comunidad de amantes de los clásicos, debemos estar preparados para encajar opiniones negativas sobre nuestro vehículo. Especialmente en las concentraciones, donde los organizadores cuentan siempre con el derecho de admisión. Y, ante sus negativas, cualquier discusión es estéril, máxime si perdemos las formas. Así pues, frente a esta -poco probable- situación, lo mejor es marcharnos cortésmente a otra parte.

Como decíamos antes, Hagerty lleva ya siete años aplicando su fórmula. El resultado no hay más que verlo en las imágenes: coches perfectamente cuidados, juntos pero no revueltos. Y un ambiente de camaradería entre aficionados con una media de edad sensiblemente baja. El cóctel perfecto. ¿A qué esperamos aquí para ‘tender puentes’ y hacer lo propio?

Licenciado en Periodismo, comencé mi andadura en prensa local con el Heraldo de Soria y terminé haciendo labores de comunicación para la Biblioteca Digital del Ayuntamiento de Madrid. Agradecido de poder expresar con mi trabajo mi amor por los coches. Petrolhead a tiempo completo y, cuando no estoy trabajando, pilotillo en simuladores de conducción. Sólo estoy vivo cuando estoy en la carretera. Creo firmemente en un uso responsable de la tecnología. Por ello, mi cometido aquí es contribuir a que la sociedad pierda el miedo frente a los avances y cambios que trae.

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