Movilidad

Aquaplanning: el ‘otro’ enemigo invernal del automóvil

Un charco puede ser un elemento inocente... o la causa de un fuerte accidente. La diferencia la marcará tu actitud al volante... y la tecnología

Imagen de un coche haciendo Aquaplanning

Por muchos peligros que acechen al automovilista medio -que no son pocos-, los de la climatología son los que mayor respeto infunden. Quizá por el hecho de que sus efectos son fácilmente perceptibles -precipitaciones sobre el parabrisas, rachas de viento en la dirección-, invitan instantáneamente a levantar el pie derecho.

Dada la gran cantidad de días al año en que hace acto de presencia, la lluvia es el más común. Y, a pesar de lo bien que lo ‘tapan’ los automóviles modernos -aislamientos de calidad mandan-, sigue siendo ridículamente fácil lograr una cantidad de agua sobre el asfalto que desborde la capacidad del neumático para despejarla.

Cuando lo anterior ocurre, sucede el fenómeno ‘aquaplanning’. El coche pasa a -literalmente- flotar sobre la manta de agua, amplificando sus inercias y borrando por completo cualquier sensación de control. Una leve variación -que suele ser el propio impacto de las ruedas contra el agua- puede iniciar un derrape imposible de controlar que terminará en accidente.

Cómo prevenirlo… y afrontarlo, si fuera necesario

La primera precaución es procurar decelerar si percibimos que la carretera presenta una gran embolsamiento de agua. Pero, si un charco que no hemos visto amenaza con hacernos perder el control, lo mejor es mantener el volante sujeto con firmeza… y no pisar el freno.

En una situación así, lo único que puedes hacer con los pedales es levantar -con mucha delicadeza- el pie del acelerador. Al reducir la velocidad, el peso de las ruedas volverá a ‘hundirlas’ en el agua, recobrando el contacto con el asfalto bajo ella.

Como bien sabes, en HACKERCAR analizamos tecnologías impresionantes en coches altamente equipados. Pero, ante la fuerza de la naturaleza, ninguna de ellas será siempre 100% efectiva. En un caso como el que nos ocupa, de hecho, pocas tendrán algo que decir más allá de -por ejemplo- el ESP, el cual intentará recuperar el agarre al igualar las velocidades de giro de cada rueda.

No obstante, nos permitiremos dejarte un tecnológico consejo relacionado: si la lluvia se vuelve torrencial y reduce sensiblemente la visibilidad, no te fíes de las luces automáticas y conéctalas ‘a mano’ accionando su interruptor. Y es que, salvo que esto suceda de noche, los sensores que regulan este dispositivo no aprecian -por su concepción- una merma lumínica suficiente como para ordenar el encendido automático.

Diego García
Licenciado en Periodismo, comencé mi andadura en prensa local con el Heraldo de Soria y terminé haciendo labores de comunicación para la Biblioteca Digital del Ayuntamiento de Madrid. Agradecido de poder expresar con mi trabajo mi amor por los coches. Petrolhead a tiempo completo y, cuando no estoy trabajando, pilotillo en simuladores de conducción. Sólo estoy vivo cuando estoy en la carretera. Creo firmemente en un uso responsable de la tecnología. Por ello, mi cometido aquí es contribuir a que la sociedad pierda el miedo frente a los avances y cambios que trae.

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