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Qué pasa si le pones ‘rock n roll’ a un Lamborghini

Los compradores de los coches caros son, evidentemente, personas con una economía saneada. Y los personajes -más o menos ilustres- suelen tenerla...

Imagen de un Lamborghini Urus y Tony Iommi

Si eres un auténtico friki de los coches, el robot de Google te habrá recomendado algo así en algún momento. Empuñando su guitarra eléctrica, un entusiasta reproduce -a través de ella- el sonido de un motor ‘de altos vuelos’. Y lo cierto es que, con los ojos cerrados, ya hay que ser audiófilo para no dejarse ‘engañar’.

Así es este popular instrumento, capaz de emular casi lo que le venga en gana al intérprete. Y que, al mismo tiempo, pone de relieve esa íntima relación entre la conducción y la música. Aquella que, sin que nadie lo reclamara, llevó a unos locos de principios del siglo pasado a montar radios bajo los salpicaderos de sus automóviles.

Este maridaje -compatible con cualquier manera de ponerse al volante- encuentra una especial vertiente cuando dejamos que sean nuestras canciones las que marquen el ritmo. Si ese ritmo es, digamos, todo lo ‘espirituoso’ que puede ser el buen rock’ n’ roll… se abre la veda a la pasión por acelerar.

Un ‘riff’ de gran cilindrada

Ya te hemos contado que muchos famosos adoran conducir en su tiempo libre. Las marcas más elitistas, además, se complacen en abrirles las puertas de sus estudios de personalización, donde surgen piezas únicas a su total capricho.

Imagen en concierto de Tony Iommi, guitarra de Black Sabbath

Uno de los últimos en recoger su nuevo cochazo ha sido Tony Iommi. Para los no estudiosos del rock, se trata de un veterano guitarrista, cofundador -junto al siempre polémico Ozzy Osbourne- del grupo Black Sabbath. Con este nombre tan poco ‘reverente’ esta banda llegó, en 1968, a sentar las bases de lo que hoy conocemos como ‘heavy metal’.

Ferviente apasionado del motor, a Iommi le privan los Lamborghini. En esta ocasión, se ha decantado por un Urus en un llamativo tono de azul. Pero no es, ni de lejos, el primer modelo de Santa Ágata que entra en su garaje. Él mismo lo cuenta: «Adquirí dos Espada en los años 70, uno detrás de otro, y luego compré un Miura SV. Cuando salió el Urus, me enamoré de él. Se conduce bien y es cómodo, me impresionó la primera vez que lo probé en un track day. ¡Era genial y respondía muy bien! Cuando aceleré al máximo no me lo podía creer: no me parecía normal que un coche de ese tamaño fuese tan rápido. Tenía que tenerlo. Y me he vuelto loco por el azul de repente, así que tenía que ser azul».

Licenciado en Periodismo, comencé mi andadura en prensa local con el Heraldo de Soria y terminé haciendo labores de comunicación para la Biblioteca Digital del Ayuntamiento de Madrid. Agradecido de poder expresar con mi trabajo mi amor por los coches. Petrolhead a tiempo completo y, cuando no estoy trabajando, pilotillo en simuladores de conducción. Sólo estoy vivo cuando estoy en la carretera. Creo firmemente en un uso responsable de la tecnología. Por ello, mi cometido aquí es contribuir a que la sociedad pierda el miedo frente a los avances y cambios que trae.

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