Hace tan solo unas semanas, un carguero -de nombre ‘Fremantle’- que transportaba casi 3.000 vehículos en su interior, sufrió un incendio que obligó a su tripulación a saltar a las aguas que rodean la isla neerlandesa de Ameland. Por desgracia, a pesar de la rápida evacuación, el accidente dejó más de dos decenas de heridos y acabó con la vida de un marinero.
A raíz de este suceso, no tardaron en generarse especulaciones sobre la seguridad de los coches eléctricos como potenciales causantes del incendio. Pero para sorpresa de muchos, una meticulosa inspección por parte de la Guardia Costera Holandesa reveló una historia diferente, exonerando a los 500 vehículos eléctricos que se encontraban en los niveles inferiores del buque de cualquier responsabilidad en el siniestro.
Pasó una semana antes de que se lograra extinguir las llamas. El Fremantle transportaba 3.300 automóviles con motores de combustión, de los cuales 2.700 resultaron dañados por el incendio.
Todos apuntaron hacia los coches eléctricos

Una inspección detallada, llevada a cabo por la Guardia Costera Holandesa, reveló que los 500 automóviles eléctricos ubicados en los niveles inferiores del barco no sufrieron daños, por lo que estaban completamente descartados como causa del incendio. Aún se desconoce la razón precisa por la que comenzó el fuego y la investigación apunta a que podría durar semanas o meses.
Los datos hablan por sí mismos al comparar la proporción de incendios entre los vehículos convencionales y coches eléctricos -aunque claro está que los EV forman una pequeña parte de la movilidad a nivel global-. Estos fuegos se dan con hasta 80 veces mayor frecuencia en motores de combustión que en modelos que utilizan baterías, ya que como bien apuntó en tono irónico Elon Musk:
«Si alguien quisiera cometer un acto de incendio intencional, ¿qué elegiría para iniciar el fuego? ¿Una batería o una lata de gasolina?»
Los vehículos de la nueva movilidad eléctrica han sido sometidos a un escrutinio constante -en términos de seguridad, entre otros aspectos- debido a su propulsión innovadora. Sin embargo, este suceso subraya que los riesgos son inherentes a cualquier tipo de tecnología automotriz y que los coches eléctricos no estarán exentos de estos nuevos desafíos.
Por otro lado lado, la ciberseguridad se convierte en un elemento clave para mitigar tales riesgos. La protección de los sistemas electrónicos y de comunicación en los vehículos eléctricos no solo trata de prevenir el acceso no autorizado, sino también de asegurarse de que los datos y comandos transmitidos entre diferentes componentes del vehículo estén encriptados y autenticados. Resulta esencial establecer medidas robustas de detección y respuesta ante posibles intrusiones, para poder establecer una seguridad completa en las carreteras.















