La segunda generación del 500 ‘moderno’ nació con la idea de ser un vehículo 100% eléctrico. Y aunque por su estilo y características ha sido un modelo con una acogida razonablemente buena -sobre todo entre las empresas de car sharing y alquiler-, a Fiat no le ha quedado otra que recular. Y eso es una grandísima noticia.
Que el futuro será eléctrico, nadie lo duda; y que lo será al ritmo que desee el público -y no los políticos-… también. El hecho de que muchos fabricantes se estén dando cuenta de que los modelos de cero emisiones van a tardar más tiempo del esperado en ‘cuajar’ está haciendo que muchos fabricantes se estén replanteando sus hojas de ruta. No porque estén renegando de la electrificación, sino porque saben que tendrán que conservar en sus gamas de modelos una gama donde el cliente que así lo desee pueda optar por fórmulas más tradicionales, como puede ser la hibridación.
No es mala idea, porque en ese tipo de modelos, la electrificación ya tiene un papel importante, no el protagonista, pero sí el suficiente como para que el comprador comience a fijarse en las ventajas de esa tecnología y se convierta, en su próxima adquisición, en el propietario de un coche que, entonces sí, sea 100% eléctrico.
Todo este preámbulo sirve quizá -o no- para explicar la decisión que ha tomado Fiat… y que recuerda a la que tomó Mini hace pocos meses: convertir su modelo icónico, el 500 de la actual generación, que nació siendo completamente eléctrico, en un coche que ‘pueda usar gasolina’. Y lo va a hacer ofreciendo una variante híbrida de la que, de momento, no han trascendido muchos detalles, más allá de unas imágenes de las que se pueden extraer ciertas conclusiones.
La primera y más evidente es que el modelo en sí va a mantener una apariencia idéntica a la del Fiat 500 eléctrico… o casi, porque en las imágenes se puede apreciar varias unidades de esta nueva variante del modelo en la planta de producción de Mirafiori que lucen un leve camuflaje frontal, seguramente ocultando el diseño de algo que, hasta ahora, este coche no había necesitado por su condición de vehículo eléctrico: una parrilla frontal que surta de aire al propulsor.
En cuanto al interior, también aparece camuflado en las imágenes, se bien se aprecian dos cosas; por un lado, el estilo general será similar, como se puede ver por el volante o la generosa pantalla del dispositivo multimedia; sin embargo, la principal modificación es que aparece una palanca para el cambio en la consola central. Tampoco se puede apreciar lo que es la apariencia de la instrumentación, que muy probablemente también variará. Más que por tamaño o tecnología -seguirá siendo digital-, por lo que muestre; por ejemplo, las indicaciones del cuentarrevoluciones, del nivel de combustible o la temperatura de funcionamiento del motor.

La mencionada presencia del cambio manual también da alguna pista del tipo de mecánica que podría llevar el modelo. El hecho de ser una caja manual de seis velocidades implicaría que, como opción sencilla, el modelo recurriese al mismo propulsor que lleva el 500 ‘clásico’, es decir, un 1.0 de tres cilindros, gasolina, sistema micro-híbrido, unos 70 CV… y las ventajas de la etiqueta ‘ECO‘. Un propulsor de bajo consumo, pero quizá un poco justo para un modelo que será más pesado que el 500 ya conocido. Lo que sí es seguro es que su precio será -sin contar con subvenciones- mucho más ajustado que el de las variante híbridas.
Otra posible opción, también disponible con un cambio manual de seis velocidades, podría ser el motor 1.2 turbo de tres cilindros y alrededor de 100 CV que se ofrece en el Citroën C3, si bien no cuenta con hibridación; sea como fuere, habrá que esperar hasta el otoño para que se inicie la comercialización de un modelo que, por lo demás, mantendrá el nivel tecnológico y las posibilidades de personalización del nuevo 500. Lo que no ha trascendido es si se ofrecerá con las otras carrocerías del modelo, es decir, con la variante con techo de lona o con la que ofrece una puerta extra para acceder al interior.
Lo que sí se sabe es que, con la planta a pleno ritmo de producción se fabricarán alrededor de 100.000 unidades al año y, seguramente, van a tener mejor acogida que las del 500e. Todo, porque el principal fallo que cometió la marca italiana fue la de no ofrecer el modelo con más de un tipo de propulsión y así poder satisfacer a un mayor número de clientes.















