Concepts y prototipos

Concepts con Historia V: Pegaso Solo 500

¿Y si te dijéramos que el primer 'camión conectado' fue español? A finales de los ochenta -y ante un difuso futuro-, Pegaso estuvo a un suspiro de revolucionar el mundo del transporte.

Imagen frontal del Pegaso Solo 500

Por mucho que algunas voces gusten de opinar que “nada sale bien en España”, la realidad siempre regresa con su baño: en nuestro país -como en cualquier otra parte del mundo- también sabemos hacer las cosas como Dios manda.

Así pues, quienes piensen lo primero, harán bien en cerrar esta página. Y quienes, por otro lado, estéis de acuerdo con lo segundo, poneos cómodos para escuchar la increíble historia de cómo -hace algo más de treinta años- estuvimos a punto de liderar la evolución tecnológica de los camiones.

Para poner los hechos en contexto, es preciso remontarnos algo más atrás todavía. Durante el franquismo, la industria automotriz -creada por los ministros tecnócratas del Opus Dei- se asentaba sobre dos grandes titanes de la producción nacional. En el sector de los vehículos ligeros, Seat motorizaba a las familias y particulares con su 600. Pero, para llegar a su destino, aquellos 600 debían primero adelantar en carretera a un ingente número de camiones. Todos ellos, bajo una misma marca: Pegaso.

Eso sí, sería injusto afirmar que Pegaso obtuvo su fama únicamente por su monopolio. Desde su fundación en 1946, la Empresa Nacional de Autocamiones S.A. -que así se llamaba- destacó por ofrecer productos cuya fiabilidad y robustez llegaban más lejos de lo lógicamente imaginable. Una ‘herramienta’ capaz de cumplir bajo cualquier circunstancia.

El auténtico ‘cybertruck’

Sin embargo, con la entrada de España en el Mercado Común Europeo -en 1985-, Pegaso se vio frente a la dura competencia de las marcas extranjeras. Las gráficas de las ventas comenzaron a fluctuar… con la mala ventura de que, a finales de esa década, la situación financiera de la compañía terminó por quedar en entredicho.

Lejos de amilanarse, ENASA -al tiempo que buscaba inversores o compradores- puso en marcha su ‘Dirección de Tecnología Avanzada’ en 1988. Su primer encargo sería el de construir un camión que actuara como ‘demostrador tecnológico’. Un ‘concept truck’ que -al igual que los ‘concept cars’– anticipara el futuro del transporte por carretera.

Tras apenas diez meses de desarrollo, el Pegaso Solo 500 debutó en el Salón de Barcelona de 1989, atrayendo todas las miradas. Sobre la base de una tractora Troner de dos ejes, el ingeniero Francisco Podadera -‘padre’ de algunos vehículos harto curiosos, como el Aníbal- creó una cabina sumamente futurista. Elaborada en un derivado de fibra de vidrio, su aerodinámica -con un parabrisas muy inclinado- le confería un aspecto ‘monobloque’ propio de la ciencia-ficción.

La maldición del visionario

Y es que ciencia -y tecnología- tenía de sobra. Para acceder a la cabina, debías utilizar una tarjeta y esperar la apertura completa de la puerta deslizante… junto con la aparición del peldaño retráctil. Una vez acomodado en el interior, te recibía un extraño volante, el cual concentraba todos los botones en una forma similar a la de un manillar.

Desde este singular mando podías acceder a funciones nunca vistas antes como -por ejemplo- el control en tiempo real del estado del motor y los neumáticos, o unas cámaras de retrovisión en lugar de espejos. Incluso se permitía el lujo de contar con posicionamiento mediante GPS, un sistema de aviso de emergencias por satélite -conectado con la Agencia Espacial Europea- o un primitivo protocolo de comunicación exterior con el resto del tráfico.

Después de triunfar en la cita catalana, la ‘maqueta’ del Solo 500 fue reconstruida de arriba a abajo para convertirla en un prototipo plenamente funcional. Toda su tecnología estaba controlada por un mismo ordenador central, cuya información se mostraba a través de las diferentes pantallas del salpicadero. Asimismo, pasó a incorporar un nuevo motor con 500 CV de potencia, conseguidos a base de emplear materiales cerámicos en sus componentes internos. De nuevo, nadie había logrado crear un camión igual…

Lamentablemente, el final del Solo 500 fue, también, el de la propia Pegaso. En 1990, la adquisición por parte de Iveco supuso el carpetazo para todos los proyectos propios de la marca. Sobre la mesa quedó una propuesta que jamás se aprobaría: la de ceder diez ejemplares ‘preserie’ a clientes de confianza, con objeto de evaluarlos en condiciones reales de trabajo.

Por fortuna, el único prototipo del Pegaso Solo 500 se conserva hoy en perfectas condiciones, mientras aguarda su momento para reaparecer como pieza del futuro museo de la Fundación Jorge Jove. Cuando eso suceda, quedará para siempre como un ejemplo más -y de gran tonelaje- del eterno ingenio español.

Licenciado en Periodismo, comencé mi andadura en prensa local con el Heraldo de Soria y terminé haciendo labores de comunicación para la Biblioteca Digital del Ayuntamiento de Madrid. Agradecido de poder expresar con mi trabajo mi amor por los coches. Petrolhead a tiempo completo y, cuando no estoy trabajando, pilotillo en simuladores de conducción. Sólo estoy vivo cuando estoy en la carretera. Creo firmemente en un uso responsable de la tecnología. Por ello, mi cometido aquí es contribuir a que la sociedad pierda el miedo frente a los avances y cambios que trae.

DEJA UNA RESPUESTA

¡Por favor, escribe tu comentario!
Por favor, introduce tu nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.