El pasado diciembre, la búsqueda de FCA por encontrar un compañero de viaje concluyó felizmente. Carlos Tavares -presidente de PSA– y Mike Manley -el máximo dirigente del consorcio italoamericano- acallaron en un apretón de manos todos los rumores sobre su futuro.
En aquel documento, ambas partes establecieron la creación de un nuevo conglomerado que -por volumen combinado de ventas- aspira a convertirse en el cuarto fabricante mundial. Al menos, ya cuenta con una cúpula directiva encabezada por John Elkann -en calidad de presidente- y el propio Tavares… Y con un nombre: Stellantis.
¿De dónde viene este nombre?
Citando el comunicado, ‘Stellantis’ tiene su origen «en el verbo latino ‘stello’, que significa ‘iluminar con estrellas’. Se inspira en esta nueva y ambiciosa alineación de marcas automotrices históricas -y culturas empresariales sólidas- que, al unirse, crean uno de los nuevos líderes de la próxima era de la movilidad preservando el valor excepcional del conjunto creado, y los valores de las partes que lo componen».
Y, a renglón seguido, introduce un matiz revelador: «El nombre Stellantis se utilizará exclusivamente a nivel de Grupo, como marca corporativa. El siguiente paso en el proceso será la presentación de un logotipo que, con el nombre, se convertirá en la identidad corporativa de la empresa. Los nombres y los logotipos de las marcas constituyentes del grupo permanecerán sin cambios».
¿Qué aportará esta fusión a cada uno?
Como es lógico, ambas compañías buscan hacer prevalecer sus intereses. Por el lado de FCA, la necesidad de no ‘perder el paso’ en la actual carrera tecnológica de la industria, orientada hacia la electrificación y la conducción autónoma.
A pesar de los lanzamientos de los Jeep híbridos -y, especialmente, del nuevo 500 eléctrico, cuya producción ha requerido la renovación de la planta de Mirafiori-, han preferido aliarse con una firma mejor posicionada en estos campos.

Esta situación ‘delicada’, no obstante, no convierte a los transalpinos en los ‘vencidos’ de la fusión. Y es que su fuerte posición en el mercado norteamericano -representada por Chrysler, Dodge, Jeep y RAM- es toda una tentación para el grupo francés, frente a la cual -finalmente- no han podido resistirse.
No en vano, EEUU ha sido la eterna asignatura pendiente de PSA. Hay que remontarse a las exportaciones del Citroën SM -bajo la red comercial de Maserati- en los años setenta para encontrar su mayor logro en aquel continente. La fusión ha abierto para ellos una ventana de oportunidad única. El tiempo decidirá si llegaremos a ver modelos como el DS 7 Crossback circulando, por ejemplo, por las calles de Nueva York…















