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¿Tienen futuro las pantallas táctiles dentro de los vehículos?

Frente a 'apretar' o 'girar', en los vehículos actuales se está poniendo de moda 'tocar', 'deslizar' o 'pellizcar'. Nos referimos a la manera de manejar los distintos controles. Los salpicaderos son cada vez más minimalista, pero también más sofisticados. ¿Es un beneficio o un paso atrás?

Imagen del interior de un vehículo con muchas pantallas
Imagen generada por la IA de Bing

Un tema que seguramente se te haya pasado desapercibido últimamente.

Llevamos ya una década en la que, cada vez más funcionalidades del vehículo, sobre todo en modelos de gama alta, pasan a ser gestionados vía pantalla táctil.

Ejemplo de ello lo tienes en los últimos modelos de Tesla, que han eliminado la histórica palanca satélite para seleccionar la marcha, y que a día de hoy se gestiona mediante una interfaz en la pantalla.

¿Más ejemplos?

BMW, que con dos de sus últimos modelos -el i7 y el i5- han colocado la gestión de las luces en un panel táctil. Incluso en los nuevos modelos de Smart no existen los clásicos controles para regular los espejos retrovisores, sino que debes hacer la selección desde la pantalla del multimedia. O Volkswagen, que ha llevado esta cruzada por lo físico hasta el límite: Sus nuevos modelos ya no tienen ningún mando físico más allá del volante. Si quieres cambiar las luces, o usar las ventanillas, hay que hacerlo vía interfaz táctil.

Lo físico no está de moda

Detrás de estas decisiones hay, por supuesto, intereses económicos.

A fin de cuentas, cualquier componente mecánico es, en potencia, un elemento del vehículo -de cualquier dispositivo– que se puede romper. Y eso supone mayores costes en cumplimiento de la garantía, en reparaciones, en logística para contar con piezas en cada taller- para la empresa.

Algo semejante a lo que estamos experimentando con los smartphones. Atrás quedó el icónico puerto del jack de 3,5mm, que nos permitía usar auriculares de cable.

A día de hoy no hay prácticamente modelos en el mercado que cuenten con él, forzándonos, sí o sí, a usar auriculares Bluetooth. Unos auriculares cuya calidad de sonido es peor. Y que además son más caros, ya que requieren tener el conversor a digital incluido -y miniaturizado- en los propios auriculares, y no como hasta el momento, que estaba en el propio dispositivo móvil -lo que además abarata el coste de producción del hardware-.

Y ahora está pasando lo mismo con la carga inalámbrica. Tiene sus ventajas (es más cómoda), pero también es más lenta, más dañina para los componentes electrónicos, y además menos eficiente.

Pero claro, si acaba siendo el estándar, los smartphones y tablets futuros no necesitarán contar un un puerto USB-C, esto es, menores costes de producción y menor riesgo a sufrir roturas que deban ser cubiertas por la marca.

Que, como te decía, lo físico no está de moda.

Que lo IN es ofrecer interacción táctil.

Algo que estamos viendo cada vez más en el mundo automovilístico.

Y con un ‘pequeño’ matiz que se vuelve crítico precisamente en este escenario.

¿Estamos sacrificando seguridad?

Porque nunca será igual lo ‘táctil’… que lo físico

Ponte en situación. Poner las luces, o cambiar de marcha, en un coche «tradicional» es una acción que muchos ya hace(mos) de forma automatizada, sin tan siquiera pararnos a pensar en ello. A poco que conozcas el vehículo, y considerando que la mayoría tienen las palancas en un sitio muy parecido, al conductor no le cuesta nada tantear con la mano y hacer el movimiento oportuno.

Esto, obviamente, tiene una fase de aprendizaje que solo da la experiencia -el músculo tiene memoria y a base de repetir acciones las acaba interiorizando-, pero también hay un factor crítico para que esto ocurra así: el feedback que da un componente físico.

A fin de cuentas, una palanca tiene una forma específica que es fácilmente identificable con el tacto.

Y cuando la giramos, o la subimos, o la bajamos, hace un click, justo después de romper esa resistencia entre diferentes estados, que en sí mismo da información al usuario de que la acción se ha realizado.

Luego puede ser que en tal modelo en vez de un click tenga que ser dos, o que en vez de ir hacia arriba o hacia la derecha, sea hacia el lado contrario. Pero la cuestión es que el propio sistema físico, por sus propias características mecánicas, genera un feedback que permite al conductor no tener que separar la vista de la carretera.

Pues bien.

No sé si lo has pensado, pero, con las pantallas táctiles, esto no pasa.

Obviamente, a base de acostumbrarse, uno puede acabar sabiendo más o menos dónde tiene que clickar sin tan siquiera mirar.

Un servidor, y posiblemente tú también, lo hacemos casi sin pensar cuando suena el despertador del móvil cada mañana.

Ahora bien, ¿cuántas veces te has encontrado de que, pese a que lo has hecho, justo esta vez no has conseguido posponer o apagar la alarma?

¿Cuántas veces en vez de ello, has ocultado el slide de posponer/apagar la alarma, teniendo entonces que coger el móvil, pegarte el flashazo de la luz, y todavía medio dormido, encontrar dónde está el dichoso botón de apagar?

Imagen del interior de un vehículo con muchas pantallas
Imagen generada por la IA de Bing

Pues esto mismo, pero ahora imagínatelo mientras conduces. Que sí, que estarás más despierto, pero deberías no tener que separar JAMÁS la mirada de la carretera. Cierto es que hay pantallas táctiles que generan una suerte de feedback artificial. Una vibración ligera, una respuesta háptica, que intenta emular la sensación de hundir el dedo en botón.

Pero vaya, ni de lejos es comparable a la sensación que da un componente realmente físico.

Y eso obviando que también perdemos el factor forma.

Una pantalla táctil es, en esencia, un cristal plano que muestra dinámicamente contenido. Se le puede meter algún tipo de grosor dinámico con pantallas de cristal líquido, pero aún así, ni de lejos tenemos el feedback adecuado.

Algo que, recalco, afecta a la seguridad en carretera.

Y no porque lo diga yo, ojo, sino porque está demostrado científicamente.

Un estudio realizado en 2022 y publicado en la revista sueca Vi Bil¨gare (SC) confirmaba que el uso de pantallas y botones táctiles en carretera dificulta mucho la configuración de los mandos, y por tanto, aumenta el riesgo de sufrir accidentes.

Tanto como para que, haciendo la comparativa, saliera victorioso entre todos los modelos presentados un Volvo V70 de 2005.

Un vehículo de 2005 que batía en seguridad a todos los modelos actuales.

EuroNCAP quiere poner freno a esa tendencia

Todo esto, como te decía al principio del artículo, hubiera pasado desapercibidos por la mayoría de nosotros si no fuera porque recientemente el sello privado EuroNCAP ha actualizado -EN- la política de homologaciones, incluyendo la necesidad de contar con algunas funciones que consideran básicas en formato físico para obtener las cinco estrellas -es decir, la máxima puntuación-.

A saber, todo modelo que aspire a obtener cinco estrellas en EuroNCAP, necesita, además de cumplir el resto de funcionalidades ya habituales para ese nivel en la certificación, unos componentes físicos que permitan gestionar de forma única:

  • La selección de los intermitentes
  • La activación del botón warning
  • El hacer sonar el claxon
  • La activación de los limpiaparabrisas
  • La activación del botón de emergencia eCall

Algo que, recalco, debería ser no solo recomendable, sino obligatorio.

La tecnología debería estar al servicio de la usabilidad… y no al revés, como está pasando con estos movimientos.

Analítico, frío, introvertido, sosegado… Lo de convencer a alguien como yo de que “los sueños se cumplen” no debe ser una tarea sencilla. Pero resulta que aquí me tenéis, ya metido (por poco) en los 40 y sintiendo el privilegio de lo que es trabajar con los mejores del mundo de la ciberseguridad, la tecnología y el motor. Soy licenciado en Periodismo y siempre me ha llamado la atención todo lo que tiene cuatro ruedas y un motor… pero que eso no os confunda: si hoy estoy aquí se debe a toda la gente que ha recorrido conmigo el camino y nunca dejaron de creer en mí. Vamos a pasar página en el periodismo del Motor.

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