Tecnología HC

¿Es posible acabar con la ‘fatiga’ que causan las pantallas en los vehículos?

En apenas una década, los coches han pasado de tener una pequeña pantalla incrustada en el salpicadero a convertirse en auténticos 'vehículos apantallados'. Un claro ejemplo de progreso tecnológico, pero... ¿es algo que puede 'cansar' a los usuarios?

Interior de un coche con muchas pantallas en el salpicadero

La tendencia es clara: los modelos actuales tienen como reclamo importante el hecho de contar con cada vez más pantallas a bordo, de más pulgadas, con más funciones y con mayor protagonismo para unas interfaces que han sustituido a buena parte de los botones físicos.

Sin embargo, este avance tecnológico ha traído consigo un efecto secundario que muchos conductores conocen bien: la llamada ‘fatiga de pantalla’, esa sensación de saturación visual y cognitiva que aparece cuando la conducción se mezcla con un exceso de información digital. La industria es consciente del problema y, poco a poco, empieza a buscar soluciones que permitan disfrutar de las ventajas de las pantallas sin que se conviertan en una distracción permanente.

Uno de los ejemplos más recientes llega de Ford, que ha registrado una patente para un sistema capaz de mostrar dos contenidos distintos en una misma pantalla, dependiendo del ángulo desde el que se mire. La idea -que, en realidad, tampoco es nueva y ya se la vimos utilizar a Jaguar/Land Rover, aunque solo durante un tiempo- parte de una necesidad muy concreta: permitir que el pasajero pueda ver un vídeo o cualquier contenido multimedia mientras el conductor utiliza esa misma superficie para consultar información relevante, como la navegación.

Aunque ya existen filtros que bloquean la visión del conductor cuando el pasajero reproduce un vídeo, la propuesta de Ford va un paso más allá al dividir la imagen en dos zonas independientes dentro del mismo panel.

El sistema descrito en la patente se basa en una estructura de micro-lentes que actúan como pequeñas ventanas orientadas en direcciones distintas. Cada una de ellas cubre un único led de la pantalla, y al agruparse forman dos conjuntos diferenciados que proyectan imágenes distintas según el ángulo de visión.

Para que funcione, la pantalla incorpora también una barrera de paralaje, un elemento que se utiliza desde hace años en televisores 3D y que permite que cada ojo -o en este caso, cada ocupante- reciba una imagen diferente. El resultado es una pantalla que, sin necesidad de duplicar hardware -es decir, sin emplear una pantalla adicional frente al copiloto, como hacen Mercedes, Smart o Porsche, entre otros-, puede ofrecer dos experiencias simultáneas sin interferencias.

Aunque la tecnología está pensada para resolver un problema muy concreto, abre la puerta a un debate más amplio sobre el papel de las pantallas en los coches. La fatiga visual no solo proviene del exceso de información, sino también del esfuerzo que supone interpretar interfaces complejas mientras se conduce.

En España, la Dirección General de Tráfico ha insistido en varias ocasiones en que manipular pantallas durante la marcha es una de las distracciones más comunes y peligrosas. La industria, sin embargo, parece decidida a seguir ampliando su presencia, lo que obliga a buscar soluciones que reduzcan la carga cognitiva del conductor.

La propuesta de Ford no es la única. Otros fabricantes exploran pantallas panorámicas que se adaptan al contexto, interfaces que simplifican la información cuando el coche está en movimiento o sistemas que combinan realidad aumentada con proyecciones en el parabrisas para evitar que el conductor desvíe la mirada. En todos los casos, el objetivo es el mismo: que la tecnología esté presente, pero no invada. La clave está en encontrar un equilibrio entre ofrecer funciones avanzadas y mantener la conducción como actividad principal.

La pregunta es si estas innovaciones serán suficientes para combatir la saturación que muchos conductores sienten ante la proliferación de pantallas. La respuesta, probablemente, dependerá de cómo evolucione la interacción entre usuario y vehículo. Si las pantallas se vuelven más inteligentes, más contextuales y menos intrusivas, es posible que la fatiga disminuya. Pero si continúan creciendo en tamaño y complejidad sin un diseño centrado en la ergonomía, el problema podría agravarse.

Lo que sí está claro es que la industria ha empezado a reconocer que no todo pasa por añadir más pulgadas -algunas parece que tienen previsto iniciar el camino contrario, como declaró Mazda hace un tiempo-. A veces, la solución está en cómo se muestra la información, no en cuánta se muestra. Y en ese sentido, tecnologías como la que Ford ha patentado podrían marcar un camino interesante: pantallas que se adaptan a cada ocupante, que reducen distracciones y que permiten que conductor y pasajero convivan digitalmente sin interferencias.

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