Estoy indignado con el precio de los carburantes durante este periodo de confinamiento por el Covid19, porque muchos días apenas han bajado unos céntimos -en el mejor de los casos alrededor del 12%-, cuando el coste del barril de petróleo se ha desplomado en el mercado internacional -en torno a un 60% y bajando-.
Las compañías petrolíferas y el gobierno se aprovechan de la situación, unos por almacenarlo y especular con el combustible y el otro para seguir recaudando impuestos y no imponer y obligar a aplicar la ley de precios ‘libres’, formados por el devenir de la oferta y la demanda.
Creo que el ejecutivo tiene atribuciones suficientes por el estado de alarma para regular los precios según las circunstancias del mercado, frenar y evitar la especulación y favorecer a la población y las empresas.
Para los ciudadanos sería un alivio llenar el depósito de sus coches a un precio de ‘bicoca’ y tener lleno sus depósitos para cuando se pudiesen incorporar a sus trabajos -no olvidemos que está permitido movernos de casa para repostar- y los profesionales del transporte podrían costear su actividad a un coste menor, qué falta les hace y son los que están llevando la comida y las medicinas a los centros de distribución.
¡’Chapó, bravo por ellos!… pero, ¡no hacen nada! En mi opinión parece más que están marcando un precio como si la economía estuviese intervenida o viviésemos en un estado totalitario, más bien ‘bananero’.
Ildefonso G., Madrid















