Desde luego, si algo ha ayudado al automóvil a llegar todo lo lejos que ha querido ha sido la tecnología. Pues, no en vano, su progreso le ha permitido mejorar la eficiencia del motor de combustión, la razón de su movilidad. Y, a su vez, esta mejora ha traído consigo otras en materia de consumos -¿os suena de algo?- y de autonomía.
Tras décadas de callejones sin salida -y, por qué no decirlo, de trabas-, el coche eléctrico se ve cabalgando la misma ola de evolución tecnológica. Previsiblemente, ahora que el I+D de la industria se concentra en él, sus avances irán por los mismos derroteros.
Para que ello se cumpla, todo depende de lo que suceda con las baterías de ahora en adelante. Con arreglo a averiguarlo, es preciso consultar a quienes están liderando esta transformación desde los laboratorios. El doctor Andreas Hintennach dirige estas investigaciones en Mercedes-Benz.
Las ‘pilas’ que están por llegar
Tanto él como su equipo han tenido mucho que ver en la concepción del EQC, el primer eléctrico puro de los de Stuttgart. Su batería de iones de litio es la costumbre de hoy en día… y la del futuro más próximo, como bien recalca el experto: «Las baterías de iones de litio son el tipo más común utilizado en la electrónica y los vehículos eléctricos en la actualidad. En los próximos años, esta tecnología continuará marcando el camino, pero hay más por venir. […] Nuestras competencias para la evaluación tecnológica de materiales y celdas, así como las actividades de investigación y desarrollo, están constantemente en expansión».

La sostenibilidad en su fabricación es otro punto importante para la marca. En palabras de Hintennach: «Dado que la fabricación de vehículos requiere una gran cantidad de materias primas, uno de nuestros enfoques de desarrollo es minimizar la necesidad de recursos naturales, pero también aumentar la transparencia en primer lugar. Durante el desarrollo, creamos un concepto para cada modelo de vehículo en el que todos los componentes y materiales se analizan para determinar su idoneidad en el contexto de una economía circular. Con respecto a las baterías, este concepto ya se utiliza para investigaciones fundamentales en las que los materiales preciosos pueden sustituirse, minimizarse o utilizarse de manera más eficiente».
Precisamente estos últimos son la mayor preocupación, tanto por su escasez como por el elevado coste de su extracción y procesado. Sin embargo, el doctor se muestra optimista: «En ocho o diez años habrá un número significativo de baterías de vehículos disponibles para reciclar. En particular, entonces se reciclarán cobalto, níquel, cobre y más tarde también el silicio. Ya estamos muy bien preparados y los procesos están en su lugar, al igual que las oportunidades para devolver las materias primas secundarias al ciclo de producción. Actualmente hacemos esto con nuestras baterías de prueba».















