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Cómo mejorar el transporte público para las mujeres

La discriminación de género es un problema a resolver para las agencias de transporte. Pero ¿se está teniendo en cuenta la perspectiva de la mujer? ¿Es el Big Data una solución?

mujer caminando en una estación de transporte
Photo by Charry Jin from Pexels

El transporte público a nivel global es injusto para las mujeres. Esta es la afirmación con la que comienza un artículo de Wired sobre esta problemática. Esta aceptación les servirá después para poder proponer una solución realista y viable.

Las tareas domésticas y de cuidado son prácticas más ejercidas por la mujer que por el hombre. Esto afecta claramente a sus hábitos de movilidad, los cuales encuentran obstáculos en los sistemas de transporte convencionales. Los recados del día a día y el cuidado de hijos y familiares implican una gran cantidad de pequeños trayectos. Estos continuos viajes suponen un gasto significativo para las ciudadanas.

Además, según desveló el New Yorker en 2018, el metro y el bus son una fuente de acoso machista. El resultado es otro incremento del gasto en búsqueda de transporte más seguro para mujeres como taxis o tranvías, también más caros.

Aunque los datos varían según la región, el patrón se repite en ciudades de todo el mundo. Los investigadores han estudiado durante décadas los hábitos de movilidad de las mujeres. La conclusión siempre ha sido la falta de adaptación de los sistemas públicos a su situación.

<<La mayoría de los sistemas de transporte están explicitamente diseñados para hombres que van solos al trabajo>>

Jemilah Magnusson, portavoz del Instituto de Transporte y Desarrollo

Normalmente, los sistemas de metro y bus están diseñados para acomodarse a los horarios de trabajo. En concreto, al de los trabajadores que tienen su turno de 9 de la mañana a 5 de la tarde. El tiempo de espera fuera de las horas puntas se incrementa notablemente.

El objetivo prioritario de muchas empresas de transporte es adaptar de mejor forma sus servicios. Tanto al usuario femenino como a las personas de movilidad reducida. Por ejemplo, las autoridades responsables del metro de Nueva York han invertido 5.000 millones de dólares en proyectos de accesibilidad para el transcurso entre 2020 y 2024.

¿En el camino correcto?

Entre estos proyectos se encuentran buses y vagones de metro exclusivos para mujeres, cámaras de seguridad y un endurecimiento de los procesos de queja. Pero todos ellos van en busca de eliminar amenazas, no de la verdadera comodidad para la mitad de la ciudadanía.

Todavía resulta complicado saber cómo estas tácticas pueden solucionar algunos problemas. Todo ello se debe a la falta de enfoque a la hora de recoger datos. Los gobiernos y agencias de transporte recogen información que no tienen en cuenta la experiencia de usuario de los grupos afectados.

Una investigación reciente en The Globe and Mail muestra que en Canadá no se tienen en cuenta agresiones sucedidas en las paradas de autobús. La explicación es que consideran estas una responsabilidad municipal ante la que se lavan las manos. Ante la poca claridad del panorama, se hace complicado que las agencias de transporte puedan dar una respuesta apropiada.

Londres marca el ritmo

El ejemplo de Londres supone el más avanzado en este espacio. Transport for London lleva años estudiando los patrones de viaje de mujeres y otros grupos de usuarios. Estos datos se recogen anualmente en un informe. También han adoptado políticas de igualdad e inclusión con unos objetivos claros y realistas. Con ello buscan mejorar las las opciones que brindan a los trabajadores y a los usuarios de sus redes públicas de transporte.

Londres es la excepción, pero hay algunas ciudades que buscan seguir su ejemplo. Hasta 2019, Los Angeles nunca había hecho un análisis de datos basados en el género. A la hora de llevar a cabo un estudio del estilo, no pudo seguir el ejemplo de ninguna ciudad en Norteamérica. Su solución fue mezclar datos de encuestas a antiguos usuarios con algunas diseñadas en la actualidad dirigidas a grupos de interés.

El resultado final fue un estudio que arrojaba luz sobre cómo las mujeres utilizan el transporte en LA. Dicho estudio mostraba cómo estas frecuentan más las horas del medio día, cuando el tráfico baja. También hacen hincapié en la menor renta económica del usuario femenino. Otros datos recogían el número de violaciones que se dieron en el metro de Los Angeles, los cuales ascendían a 14 en el tramo de un año.

Metro,avanzando por un túnel
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Las agencias de transporte podrían sentirse cohibidas a la hora de revelar estos datos. De hecho, los medios se hicieron más eco de la inseguridad que descubría el informe más que del cambio de perspectiva que suponía haberlo llevado a cabo.

«Tengo la sensación de que hemos sido castigados por recoger y sacar a la luz estos datos» declaraba Brian Haas, portavoz del metro de Los Angeles. «Nuestro propósito era situar los problemas para poder solucionarlos. Si no lo hacemos, nada cambiará».

Ignorar estos problemas no es aceptable, y la mayoría de sistemas de recolección de datos se mantienen ciegos ante estos conflictos. Recopilar esta información no es fácil. Las encuestas son procesos largos y costosos, pudiendo llevar años registrar las experiencias personales de la población de todo un país.

Por ello, el siguiente paso debe ser dejar atrás las técnicas tradicionales de estudio y buscar unas nuevas. Esta innovación debe basarse en la investigación exhaustiva de nuestra huella digital en el transporte. Las interacciones a través de teléfonos móviles, tarjetas de crédito o la participación en redes deben ser objeto de estudio.

La aplicación del Big Data es crucial

El año pasado, investigadores de Santiago de Chile utilizaron los datos del dispositivo móvil de mujeres anónimas para determinar su localización y patrón de uso del transporte público. Observaron que los desplazamientos de estos usuarios eran más corto y cubrían una menor área que los de los hombres.

Cuando cruzaron esta información con datos socioeconómicos, detectaron que cuanto menor nivel de vida tenían estas mujeres, más cortos eran sus trayectos. También descubrieron que las personas cercanas a paradas de autobús lo utilizaban más, pero manteniéndose la diferencia de género.

Especialistas sugieren un sistema de datos colaborativos para incentivar a las compañías privadas a publicar esta información. Lo que funcionaría como una relación flexible entre la recogida y el análisis de estos datos. Esto es lo que llevó al mencionado modelo de estudio chileno. Las colaboraciones mantendrían protegidas a las compañías privadas ante problemas de competitividad o privacidad.

Si esto funciona, los gobiernos y agencias de transporten pueden caer en otra trampa. La riqueza de datos puede llevar a creer que toda la población va en la misma dirección. Centrarse en cuales son las cuestiones que más importan siempre debe mantenerse como un objetivo crucial.

La aplicación del Big Data es en última instancia política. Trata de hacer las preguntas correctas para trabajar en las respuestas. Todos estos estudios deberán ir seguidos de planes diseñados para combatir el sexismo en el transporte público. El objetivo final no solo debe ser mejorar el transporte para las mujeres, sino para la población en general.

*Artículo escrito por Flavie Halais orinalmente en Wired

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