Cuando hablamos de un futuro repleto de vehículos eléctricos, generalmente pensamos en los beneficios que reportará para el medio ambiente, especialmente en emisiones de CO2. No obstante, solemos olvidar que un cambio tan drástico en la forma de alimentar nuestras máquinas tiene consecuencias a nivel económico y laboral.
De la misma manera en que -a principios del siglo XX- el carruaje de caballos quedó obsoleto en favor del automóvil, hoy su ‘sustento’ -el petróleo- se va abandonando en favor de otras alternativas. Y, con ello, pone en riesgo una industria que aún mantiene una elevada cantidad de puestos de trabajo.
Ante este panorama de previsible -aunque lento- declive, las petroleras buscan la forma de ‘renovarse o morir’. De entre ellas, la alemana Aral ya se ha imaginado cómo serán sus establecimientos en 2040… cuando una mayoría sensible del parque móvil sea eléctrica.
No sólo irás a por gasolina
Con el nombre de ‘La gasolinera del futuro’, esta compañía -en colaboración con instituciones germanas- ha realizado un estudio sobre los cambios que sufrirá la movilidad en las calles y carreteras dentro de veinte años. Entre ellos, destaca el nuevo papel que jugarán las estaciones de servicio. Según se desprende del documento, aún retendrán sus tres pilares fundamentales de negocio: repostajes, pequeño comercio y lavado.
Y, sin embargo, su forma de prestar estos servicios será muy diferente. Por ejemplo, el número de surtidores de gasolina disminuirá, dejando más hueco a postes de recarga rápida para vehículos eléctricos. Además, ofrecerá también opciones para repostar otros combustibles como el GLP o el GNC. Y sin que tengas que mancharte las manos, ya que la tarea correrá a cargo de robots.
Por su parte, las nuevas formas de movilidad tendrán, asimismo, su lugar. Desde una tienda con envíos a domicilio -mediante ‘robomensajeros’ autónomos- hasta coches compartidos, pasando por almacenamiento de paquetería en zonas rurales.















