Antes que por el calendario, es tu nariz la que te advierte de la llegada de las fechas nás complicadas para tu salud. Un repentino estornudo, una congestión que parece proceder de ninguna parte, un picor de ojos… Definitivamente, tanto la primavera como ahora el verano nos ponen a prueba.. Y, con estas estaciones, tu ataque alérgico de todos los años.
Numerosos y variados son los síntomas que el polen flotante del ambiente provoca en cada uno, pero la molestia que causan son moneda común. Y, a la hora de ponerse al volante -sobre todo en esta temporada de tantos viajes-, son también un peligro para nuestra atención y concentración. Un acto inocente como rebuscar en el habitáculo por un pañuelo puede convertirse en una salida de carretera, con consecuencias impredecibles.
Debido a ello y, también, a las altas temperaturas del estío, los dispositivos de climatización tienen mucho de ‘elemento de seguridad’ activa. Pero la protección completa no es posible sin un elemento filtrante de partículas en el circuito de ventilación. Este accesorio, que lleva décadas siendo un estándar en los coches, impide que pasen al interior buena parte de los alérgenos más grandes.
Todo bien medido
Sin embargo, lo que estos filtros básicos no logran es detener partículas más pequeñas y ligeras, las cuales aún pueden causarnos más de una incomodidad. De ahí que marcas como Skoda ofrezcan, en sus modelos más novedosos y equipados -como el Octavia, que probamos hace ya algún tiempo en HackerCar-, una solución activa.

Con el nombre de ‘Air Care’, este sistema emplea una red de sensores extendida por todo el habitáculo. Éstos son capaces de percibir cualquier variación excesiva en la cantidad de partículas del aire, advirtiendo inmediatamente a la unidad de control. Esta última, a su vez, cerrará las entradas de aire desde el exterior y pondrá en marcha un proceso de limpieza por recirculación.
En dicho proceso, un filtro de carbono activo -tan sólo uno de los tres que posee el circuito- se ocupa de despejar hasta las partículas más microscópicas. Al mismo tiempo, el polen queda atrapado -y eliminado- en él, así como los posibles malos olores, los cuales se disipan hasta desvanecerse.















