En el camino actual hacia una movilidad sostenible y respetuosa con el medio ambiente, las autoridades demandan cambios drásticos en la industria. Y ésta, como tal, posee sus propios ritmos para llevar a cabo esa transformación.
Tecnologías como la microhibridación han venido -en los últimos tiempos- ‘al rescate’ de los fabricantes de automóviles, en su mayoría agobiados por esta presión social y política. Básicamente, este sistema consiste en un motor eléctrico alimentado por una batería.
¿Donde está, entonces, la diferencia con un híbrido tradicional? Fundamentalmente, en que el pequeño motorcillo no propulsa al vehículo. Tan sólo sirve de apoyo al motor de arranque y el alternador, en situaciones como la puesta en marcha o la salida desde parado.
Ahora, Volkswagen ha ideado su propia versión de este sistema y, para demostrar que es una apuesta de futuro realista, lo estrenará en la próxima generación del Golf que veremos a finales de año.
Algo más que eficiencia
Su funcionamiento es muy similar a los que puedes encontrar en otras marcas, como Mazda o Suzuki. Gracias a una correa de transmisión, el impulsor de 48 voltios actúa sobre el cigüeñal del motor proporcionando una mayor eficacia en el movimiento de los pistones.
Desde el puesto de conducción, esto supone que sentirás menos vibraciones -o tal vez ninguna- y notarás mayor suavidad. También percibirás, incluso, que reacciona con más rapidez cuando aceleras.
Y a través de esa misma correa, el generador recoge la energía sobrante en las frenadas y reducciones y la envía a la batería para recargarla. Según la marca, el sistema permite un aprovechamiento de hasta el 40%.
Por último, para reducir el consumo de combustible VW añade el modo FMA, que apaga el motor y deja ir libres a las ruedas cuando levantas el pie del acelerador. Si deseas aumentar la velocidad, con volver a pisar el pedal el vehículo arrancará de nuevo.















