Tecnología HC

Lo próximo que definirá a tu vehículo será la potencia… de sus chips

¿Te acuerdas cuando mirabas la parte trasera de los coches buscando siglas o palabras míticas, como '16V', 'turbo', 'TDI' o 'intercooler'? Quizá ahora tengamos que buscar, como en los ordenadores, algún tipo de indicativo de la potencia... pero de sus chips y procesadores.

Imagen artística de un vehículo que lleva un chip sobre la cubierta del motor

Ya no se trata solo de caballos de fuerza o cilindradas. El vehículo del futuro es digital, y sus prestaciones -y no hablamos solo de su rendimiento ‘mecánico’- dependerá de la capacidad de procesamiento de sus semiconductores.

Durante décadas, el corazón de cualquier coche y lo que lo definía y caracterizaba con mayor claridad fue su motor de combustión. Sin embargo, en la actualidad, ese papel lo están asumiendo los chips. Los vehículos modernos ya no son simples máquinas; son plataformas inteligentes, conectadas y capaces de aprender, adaptarse y evolucionar. Y todo esto ocurre gracias a unos diminutos componentes electrónicos que, hasta hace poco, solo asociábamos con teléfonos móviles o ordenadores.

Según Nakul Duggal, responsable de automoción en la tecnológica Qualcomm, «el coche se está convirtiendo en el dispositivo conectado más complejo que tendrá un consumidor», lo cual es mucho decir, si tenemos en cuenta todos los aparatos que intervienen y con los que interactuamos en el día a día.

En este nuevo paradigma, el rendimiento ya no se mide únicamente por la aceleración o el par motor, sino por la capacidad de Inteligencia Artificial, la fusión de sensores, la latencia -el tiempo que tarda en procesar y reaccionar- y la posibilidad de actualizarse de manera remota un vehículo para ir añadiendo mejoras o solucionando problemas o fallos que van surgiendo -incluidos los de ciberseguridad-.

Este cambio ha transformado la arquitectura interna de los vehículos. Antes, cada función del coche estaba controlada por una unidad electrónica independiente -lo que se conoce como ECU, por sus siglas en inglés-. Hoy, se tiende hacia una estructura zonal, donde un número reducido de chips más potentes gestionan múltiples sistemas a la vez: desde lo relacionado con el infoentretenimiento hasta las distintas ayudas a la conducción -ADAS-, pasando por la conectividad y la telemetría. Esta consolidación no solo mejora la eficiencia, sino que permite tomar decisiones en tiempo real y, como hemos dicho, actualizar funciones sin necesidad de pasar por el taller.

Todo lo dicho se podría resumir con una frase contundente: «Los coches ahora se definen más por líneas de código que por litros de cilindrada». Es el auge del vehículo definido por software -SDV-, donde el chip no es solo un componente más, sino el núcleo que determina qué puede hacer el coche… y qué podrá hacer en el futuro.

Funciones como el reconocimiento de fatiga del conductor, los asistentes virtuales -como el MBUX de los Mercedes-, la navegación autónoma o las actualizaciones inalámbricas ya no son lujos, sino expectativas básicas que un cliente espera encontrar en un modelo de nueva generación. Y todas ellas dependen de la potencia de procesamiento que ofrecen los chips. Además, esta evolución permite que los vehículos se comuniquen entre sí –V2V-, con la nube -V2C- y con las infraestructuras -V2I-, creando un ecosistema de movilidad más seguro y eficiente.


Como curiosidad, India está jugando un papel clave en este cambio. Equipos de ingeniería en Bangalore y Hyderabad están desarrollando plataformas que ya se utilizan en vehículos de Estados Unidos, Europa y Japón. Con el respaldo del gobierno y una sólida base de talento tecnológico, el país aspira a convertirse en una potencia mundial en semiconductores aplicados a la automoción.

En definitiva, el sonido del motor -de combustión, por supuesto- está siendo reemplazado por el silencio de los procesadores. El coche del futuro no solo se moverá con electricidad, sino que pensará, aprenderá y se actualizará de manera constante. Y todo ello gracias a los chips, que han pasado de ser invisibles a convertirse en el auténtico ‘propulsor’ de la movilidad moderna.

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