Tras el robo del banco, los delincuentes cambian de vehículo, rompiendo una luna lateral, entran al habitáculo, fuerzan con ganzúas la ranura de arranque, giran 90º la ganzúa y… el vehículo queda totalmente inmóvil.
Esta escena es posible gracias al inmovilizador del vehículo y a su elemento pasivo complementario integrado en la llave: el transpondedor.
El transpondedor es un chip electrónico pequeño, puede ser tanto de cristal como cerámico que está incorporado en el interior del cabezal de la llave, o incluso hay modelos que no llevan chip y lo incorporan en la misma electrónica de los mandos a distancia.
El chip realiza la comunicación con la antena de la cerradura de arranque, que a su vez comunica con el inmovilizador del vehículo, para dar la orden de encendido.
Existen diferentes tipos de transpondedores en la industria de la automoción. El más antiguo es el transponder fijo, que al ser energizado por la antena del vehículo, libera un código que siempre es el mismo y nunca varía.
Para evitar ataques de repetición, ya que este código se puede captar y repetirlo de forma idéntica, se inventaron transpondedores encriptados, que encripta el código de forma que no se pueda leer, o los llamados “rolling code”, que varían el código cada vez que se acciona la ranura de arranque.
Así, con el sistema inmovilizador-transpondedor se logra evitar robos tradicionales, no obstante, no debemos descuidarnos, ya que algunos transpondedores pueden ser vulnerables ante ciberataques.
Andoni Letamendia Alzaga / Área Técnica EUROCYBCAR















