Es de primero de Empresariales: una de las claves para tener un negocio ‘sano’ es diversificar la oferta de productos. Eso sí, siempre ‘con cabeza’. Traducido esto al mundo del motor, significa que las marcas de coches -ya que son creadores de máquinas tan complejas- tienen la oportunidad de ampliar sus miras destinando su maquinaria y ‘know-how’ a otros menesteres.
Estas salidas de su ‘zona de confort’ también suelen buscarse como una ocasión publicitaria. Este último es el caso de Citroën. La firma gala -con motivo de su centenario- creó la denominación ‘The Citroënist’ que, además de estar presente en algunos de sus concepts… también da nombre a una bicicleta de carretera.

Fabricada por el especialista Martone, esta bici posee un estilo minimalista que trata de emular a los primitivos ciclos que disputaban, por ejemplo, las primeras ediciones del Tour de Francia. Por suerte su sistema de frenado parece basado en tecnologías actuales, así que podrás lanzarte sin miedo a los desafiantes descensos de cumbres como el Galibier o el Tourmalet.
¡Viajeros al tren!
Ahora sí vamos a viajar al pasado, cambiando -de paso- de país. La Italia de 1917 estaba sumida en el fragor de la Primera Guerra Mundial, como parte de la Entente de naciones que se opusieron a los viejos imperios.
Entre su industria ya se encontraba una entonces ‘joven’ Fiat. La marca transalpina, si bien ya contribuía al esfuerzo bélico con la fabricación de armas, vehículos y municiones, pensó que debía también ayudar a transportarlas hasta el frente. Y, para ello, creó Fiat Ferroviaria, una constructora de trenes.
Esta compañía sobrevivió a ambas guerras, y permaneció dentro del grupo automovilístico hasta que la francesa Alstom la adquirió en 2002. Pero antes de eso, en los años setenta tuvieron tiempo para crear lo que vendría a ser el ‘padre’ de los modernos trenes de alta velocidad.
Sus potentes motores eléctricos y su cabina aerodinámica lo convirtieron en el más rápido de su tiempo, con récords de velocidad cercanos a los 230 km/h. Fue bautizado con el nombre de ‘Pendolino’, en honor a su -entonces- novedoso mecanismo pendular. Esta tecnología -que ya incorporaba elementos electrónicos como acelerómetros o giroscopios- permitía inclinar el bastidor en los virajes hasta unos 10 grados, lo que les confería un paso por curva más veloz y estable que los trenes ordinarios.
De acero puro
Si estás atento a las informaciones de la industria tal vez recuerdes que, en 2017, un gran escándalo sacudió sus cimientos. Y es que se descubrió que algunos proveedores de metal -básicos en la construcción de un coche- habían falseado los datos de dureza y resistencia que facilitaban a sus clientes. Este ‘Metalgate’ -como fue llamado- afectó a un buen número de fabricantes en todo el planeta. Sin embargo, dos marcas permanecieron inmunes a este mal: Hyundai y Kia. ¿Por qué?

La respuesta es sencilla: Hyundai Steel. Esta filial de industria pesada se encarga, desde 1953, de forjar el acero y el aluminio que dan cuerpo a los modelos de ambas marcas del grupo, amén de sus otras áreas de negocio relacionadas como -por ejemplo- la maquinaria de construcción. Todo queda en casa.















