No hay duda de que casi cualquier vehículo nuevo que está a la venta en cualquier parte del mundo ya es lo que se puede definir como ‘vehículo conectado’. Ya sea por imposición legal -para disponer de llamada de emergencia-, para disponer de muchos datos -que para los fabricantes tienen mucho valor y les pueden ayudar a desarrollar nuevas funciones en sus modelos del futuro- o por una simple cuestión de no quedarse rezagados frente a la competencia, todos los fabricantes quieren que sus vehículos sean capaces de enviar o recibir información, siendo esa la principal característica que define a los automóviles conectados… y que los aproxima, por concepto, a dispositivos como smartphones y ordenadores.
Conociendo la definición, toca responder la pregunta que da pie a esta noticia: ¿Cuántos vehículos con esas características circulan por todo el mundo a día de hoy? Las estimaciones más recientes de consultoras como Statista, McKinsey y GSMA apuntan a que en 2024 ya había entre 250 y 300 millones de vehículos conectados en circulación. Es una cifra considerable, pero lo más llamativo es la velocidad a la que está creciendo. Si se suman los coches nuevos que se venden cada año -prácticamente todos con algún tipo de conectividad- y los que se actualizan mediante módulos telemáticos, se espera que en 2027 más del 97% de los vehículos vendidos en el mundo sean conectados. Esto significa que, para finales de esta década, el parque móvil global podría superar con holgura los 400 millones de coches conectados.
Este salto no es solo tecnológico… sino que implica un cambio ‘de concepto’. Cada vehículo conectado se convierte en un nodo dentro de una red global. Puede recibir actualizaciones remotas, comunicarse con otros coches, intercambiar datos con infraestructuras urbanas, optimizar rutas, mejorar la eficiencia energética e incluso -en el caso de los modelos eléctricos- interactuar con la red eléctrica para devolver energía en momentos de alta demanda. Por tanto, los coches ya no son elementos aislados, sino que forman parte de un ecosistema más amplio y eso no hay duda de que trae importantes ventajas.
Pero este avance también trae consigo nuevos desafíos. Un coche conectado funciona con sistemas operativos, sensores, redes inalámbricas y software que, igual que ocurre con un ordenador o un móvil, pueden ser vulnerables. Los riesgos van desde el robo de datos personales hasta la manipulación de funciones críticas -entendiendo como tal elementos que van desde los frenos a la dirección o el motor-, pasando por ataques que afecten a estaciones de carga o a servicios de movilidad compartida. La industria lo sabe y, por eso, se están imponiendo estándares internacionales -como ISO/SAE 21434 o las normativas UNECE/R155 y R156- que obligan a los fabricantes a garantizar la ciberseguridad durante toda la vida útil del vehículo.
La conclusión es clara: el coche conectado ya no es el futuro, es el presente, y su expansión será tan masiva que, en pocos años, resultará extraño encontrar un vehículo que no forme parte de esta red global. La clave ahora es que esta revolución tecnológica avance al mismo ritmo que la seguridad.
¿Y qué consideraciones tener en cuenta en cuanto a la ciberseguridad?
A medida que los coches se vuelven más digitales, también aumenta la responsabilidad del conductor. Aunque la mayor parte de la protección depende del fabricante, hay hábitos sencillos que pueden marcar una gran diferencia.
El primero es mantener siempre actualizado el software del vehículo. Igual que ocurre con un móvil, las actualizaciones corrigen fallos y cierran posibles puertas de entrada para atacantes. Muchos coches ya lo hacen de forma automática, pero conviene revisar periódicamente si hay nuevas versiones disponibles.
También es recomendable evitar conectar dispositivos desconocidos a los puertos USB del coche. Aunque parezca una acción inocente, un pendrive manipulado puede introducir malware en el sistema. Lo mismo ocurre con las redes Wi‑Fi públicas: si el coche permite conectarse a ellas, es mejor no hacerlo salvo que sea estrictamente necesario.
Otro punto importante es proteger la app que muchos fabricantes ya ofrecen para sus vehículos. Muchos modelos permiten abrir, cerrar o localizar el coche desde el móvil, así que conviene activar siempre la verificación en dos pasos y utilizar contraseñas robustas. Si el teléfono se pierde, lo ideal es desvincularlo del coche lo antes posible.
En el caso de los eléctricos, hay que prestar atención a las estaciones de carga. Es preferible utilizar puntos oficiales o de operadores reconocidos, ya que una estación manipulada podría intentar acceder a los datos del vehículo. Y, por supuesto, nunca está de más revisar que el cable y el conector no presenten daños o modificaciones extrañas.
La movilidad conectada ofrece enormes ventajas, pero exige un mínimo de precaución. Con unos pocos hábitos sencillos, cualquier conductor puede disfrutar de todas sus funciones sin comprometer su seguridad.















