Ataques

El sector de la automoción escala posiciones… como uno de los más ‘ciberatacados’ del mundo

La industria de la automoción atraviesa un momento de transformación sin precedentes. La electrificación, la conectividad y la conducción autónoma han convertido a los vehículos en auténticos ordenadores sobre ruedas. Sin embargo, este salto tecnológico también ha abierto una puerta peligrosa: la de los ciberataques.

Imagen representativa de ciberseguridad en la automoción

En los últimos meses, informes internacionales han confirmado que el sector del automóvil se ha situado entre los más atacados del planeta, junto a la banca, la energía y la sanidad -que son de los ‘habituales’-.

El caso más reciente que puso en evidencia esta vulnerabilidad fue el ataque sufrido por Jaguar Land Rover en Reino Unido, que obligó a paralizar la producción durante semanas y provocó una caída del 23,8% en la fabricación de automóviles en aquel país durante el mes de octubre.

Este episodio, pese a su gravedad, no es aislado: según datos de fuentes expertas, los ciberataques contra el ecosistema de la automoción y la movilidad inteligente crecieron un 39% en 2024, con más de 400 incidentes registrados. Los objetivos ya no son solo las fábricas, sino también concesionarios, talleres, aseguradoras y, cada vez más, los propios vehículos conectados.

La irrupción del botnet Aisuru ha agravado la situación. Este enjambre de dispositivos infectados -routers, cámaras y equipos IoT comprometidos- ha lanzado más de 1.300 ataques DDoS en apenas tres meses, alcanzando un récord histórico de 29,7 terabits por segundo. Aunque muchos de estos ataques se dirigieron a servicios financieros y plataformas digitales, la industria del automóvil también se vio afectada, especialmente en sus sistemas de gestión de proveedores y en las plataformas de carga de vehículos eléctricos.

Los ataques DDoS -o de denegación de servicio distribuida- consisten en saturar un sistema con millones de peticiones simultáneas hasta colapsarlo, lo que en el caso de una fábrica puede significar detener la producción por completo. En este sentido, el sector del automóvil ha subido 62 posiciones para convertirse en el sexto sector más afectado. 

La combinación de factores hace que el automóvil sea un blanco atractivo. Por un lado, la cadena de suministro es extensa y compleja, con miles de proveedores interconectados. Por otro, los vehículos modernos dependen de software para funciones críticas: desde el sistema de frenos hasta la navegación -no en vano, cada vez se habla más de ‘vehículos definidos por software o SDV, por sus siglas en inglés-.

Por otro lado, un fallo provocado por un ciberataque no solo implica pérdidas económicas, sino también riesgos para la seguridad física de los conductores. Además, el auge de los coches eléctricos y sus infraestructuras de carga añade nuevas superficies de ataque: estaciones públicas, aplicaciones móviles y sistemas de pago asociados.

Los expertos advierten que los ciberdelincuentes han encontrado en la automoción un terreno fértil. El coste medio de una violación de datos en este sector ascendió a 4,4 millones de euros en 2025. Y lo más preocupante es que los ataques evolucionan en paralelo a la tecnología: si antes se trataba de robar datos de clientes, ahora se busca manipular sistemas de control industrial o, incluso, ‘secuestrar’ vehículos conectados -que es difícil que suceda y requiere de medios y amplios conocimientos… pero que no resulta imposible-. La Inteligencia Artificial, utilizada tanto por defensores como por atacantes, multiplica la velocidad y la sofisticación de estas ofensivas.

En este contexto, la industria del automóvil se enfrenta a un importante reto: proseguir con la innovación para mantenerse competitiva, pero sin descuidar la seguridad digital. La presión es enorme, porque cada interrupción en la producción repercute en miles de empleos y en la economía global. La automoción, que durante décadas se centró en la seguridad física -airbags, frenos ABS, carrocerías más resistentes-, debe ahora asumir que la ciberseguridad es parte esencial de la seguridad del vehículo.

¿Existe alguna forma de frenar la ‘escalada’?

Para reducir el riesgo de ciberataques, todos aquellos que forman parte del sector de la automoción -fabricantes, concesionarios, talleres, proveedores, alquiladoras… o empresas con flotas de vehículos- pueden aplicar medidas sencillas pero efectivas en su día a día:

La primera es mantener los equipos actualizados: sistemas operativos, software de gestión y aplicaciones deben recibir parches de seguridad de forma regular. También resulta clave cambiar contraseñas periódicamente, evitando claves débiles o repetidas.

La formación del personal es otro pilar: reconocer correos sospechosos, enlaces fraudulentos o intentos de phishing puede evitar que un ataque prospere. Además, conviene limitar el acceso a la información sensible, de modo que solo quienes realmente lo necesiten puedan manejar datos críticos. Finalmente, establecer copias de seguridad frecuentes garantiza que, en caso de ataque, la recuperación sea más rápida y menos costosa.

La redacción de HACKERCAR la componen periodistas que trabajan en colaboración con expertos en tecnología y ciberseguridad. Hablamos de vehículos, de movilidad, de consejos... y también nos gusta el formato audiovisual. ¿Tienes algún tema que te gustaría que tratásemos o investigásemos? Escríbenos a redaccion@hackercar.com

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