Competidores e infiltrados
Ambos pueden compartir razones similares. La diferencia radica en su conocimiento de la organización y en la confianza que esta pone sobre ellos. Su objetivo suele ser la red de las Tecnologías de la Información -IT-, donde pueden encontrar y robar planes, propiedades intelectuales, software, firmware, email y otros.
Puede que los ladrones de datos no afecten directamente al vehículo, pero competidores e infiltrados pueden también sabotear el coche añadiendo defectos o errores a su firmware. Ello podría llevar a fallar a los sistemas de control y de seguridad del vehículo. Podrían fijarse también en la aplicación que controle el coche conectado, buscando un fin similar.
Debe considerarse, sin embargo, que la línea entre robar datos y causar daño físico es estrecha, en dificultad de ejecución. Es una posible caída a un abismo del que no hay retorno. Y es que el poder de control que puede mitigar esto es la moralidad humana, gobernada por leyes y penas estrictas. Por ello se ve poco probable que competidores e infiltrados superen esa línea, pasando de robar datos a dañar a los ocupantes.
Estados Nación
Este actor comparte algunos motivos con competidores e infiltrados. Sin embargo, también pueden tener otras intenciones, más peligrosas. Un escenario podría ser acceder a la red del vehículo en una flota enemiga, o en limusinas para diplomáticos. Imagina escuchar subrepticiamente los planos políticos o secretos de estado a través del micrófono manos libres del vehículo. Incluso sin acceso a conversaciones, el enemigo podría monitorear los itinerarios de oficiales, interfiriendo en todo tipo de inteligencia.
Desde un lugar aun más insidioso, el Estado Nación podría hacer que se tomase el volante de una limusina, o incluso bloquear su motor, cuando lleve dentro a alguien considerado como enemigo. Aunque esto podría suceder, no afectaría al día a día de la conducción, por lo que no causaría una histeria a nivel colectivo.
Ideólogos
Estos sí comprenden el sector que busca el pánico generalizado, y están preparados para causar daño físico. También pueden atacar a la red de Tecnologías de la Información, pero en este caso buscando los planos o el código para dominar el vehículo o la aplicación para controlarlo.
Una vez dirijan el automóvil, podrían desconectar los frenos o apagar motores de todos los coches de una autopista, en hora punta, para causar caos y dañar a las personas. Podrían no escoger a sus víctimas cuidadosamente, el terrorismo es sobre todo un juego de oportunidad.
Afortunadamente, un escenario como tal es poco probable y no debería implicar una preocupación vital para los conductores o pasajeros, pero eso no exime a los fabricantes de obviar el daño potencial, debiendo tomarse esta amenaza con seriedad.
«Hacktivistas»
Los «hacktivistas» también pueden atacar a las Tecnologías de Información, en busca de correos o documentos para comprometer a ejecutivos, publicar propiedades intelectuales o exponer correos al público. Podrían perpetrar un ataque de denegación de servicio -DoS en inglés- contra el portal, por ejemplo, al que se conecta la aplicación de tu coche. Esto podría evitar que accedieses al coche o que encendieses el motor, de manera remota, y siempre que no tengas una llave física.
También serían capaces de bloquear el automóvil. En resumen, todo tipo de molestias aseguradas. Sin embargo, estos también son poco propensos a atacar o a husmear en el coche de un particular de a pie, o de causar daños físicos.
Cibercriminales
Hay una expresión en la comunidad de seguridad de la información que reza: si quieres conocer cuál es la amenaza, mira hacia donde haya oportunidad de hacer dinero. En otras palabras, la mayoría de ataques de malware, phishing, abuso y caos en ordenadores son parte del trabajo de los cibercriminales para ganar dinero. Estos son algunos de sus métodos para capitalizar las vulnerabilidades que encuentran en nuestros vehículos:
Robos de vehículos
El propio coche tiene un valor, y los cibercriminales quieren que este pase de ti hacia ellos. Los disuasivos son tu cerradura y el sistema de alarma del vehículo. Pero estas funciones se extienden hasta la aplicación de tu teléfono. Los atacantes entonces necesitan infiltrar programas maliciosos en él, a través de ti, y el vehículo será todo suyo. También pueden atacar el portal web de la marca, pudiendo adueñarse de miles o millones de coches en las carreteras. Los ladrones todavía tienen el tradicional problema «Ausente en 60 segundos»: necesitan que alguien se meta en él y lo maneje… hasta que sus funciones de conducción autónoma -su objetivo- se activen.

Seguimiento de vehículos
Usando la geolocalización o la telemetría que el vehículo envía, los criminales pueden localizar el coche en cualquier lugar, e incluso robarlo. Si el ladrón consigue infectar el automóvil con un programa malicioso, este podría obsequiarle con el Número de Chasis -VIN en inglés-. Este se relaciona con una marca, un año y un modelo, pudiendo extraer de entre esos datos el coche en concreto.
El criminal también podría utilizar la información para situar hogares y potencialmente robar en ellos. Cuando los vehículos pertenecientes a los dueños de una casa se encuentran fuera de un rango de 15 millas -algo más de 24 kilómetros-, el ladrón tiene garantizada al menos media hora de libertad para invadir la propiedad. Une esto a la información obtenida de dispositivos IoT -Internet of Things- que siguen la ocupación, y el delincuente podrá hacerse una comida y ver la TV en tu ausencia. Es más, se le avisará cuando te queden 10 minutos para llegar a casa.
Robo de datos
Los teléfonos inteligentes equivalen a nuestro torrente sanguíneo digital. Llevan y traen información al individuo, ofrecen servicios como el correo y programas de escritura, calendarios, gestión de contactos, y otros datos de gran relevancia. El objetivo último es unir al teléfono y al coche en una sola unidad, donde la unidad principal se encarga de todas las funciones para tu ocupación en el vehículo.
Esos datos y las mismas aplicaciones son valiosas para los cibercriminales en varios aspectos. Los expertos ya han llevado a cabo un trabajo a fondo en esta cuestión, y se anima al lector a buscarlos en Google.
Secuestro de datos
Quizás una de las estrategias más lucrativas para los cibercriminales. A través de este el malware o «software malicioso» encripta los datos de tu ordenador, explicándote el atacante que debes pagarle para restaurar tu información. El vehículo conectado ofrece una nueva plataforma muy prometedora para esta táctica, mediante el bloqueo del motor o la disfunción de los frenos.
Una vez logrado esto, se puede exigir a la víctima que le page varios bitcoins para que el atacante restaure su automóvil. Esto evita la necesidad de tener una mula cerca para conducir un coche robado. Y es que los ciberdelincuentes adoran las campañas asimétricas, esto es, que impliquen poco esfuerzo pero muchas ganancias.
*Artículo escrito por Chris Poulin y publicado originalmente en TechCrunch.















