Aston Martin ha presentado hace escasas fechas el Dreadnought, y si esperas encontrarlo en algún concesionario, puedes ir olvidando la idea. Básicamente porque se trata de un vehículo diseñado en exclusiva para Call of Duty: Modern Warfare 4, el nuevo título de Activision que llega el 23 de octubre a todas las consolas de última generación y PC. Aunque se trata de un vehículo 100% digital, según sus creadores, lo han diseñado como si fuera a existir en el mundo real.
Algo que suena contradictorio, si tenemos en cuenta que la firma británica concedió al equipo de diseño total libertad para trabajar sin las limitaciones del mundo físico. Sin normativas de seguridad, sin restricciones de homologación, sin que nadie pregunte si el maletero es práctico y de fácil acceso. El resultado es un SUV táctico de tracción total con motor V12 -cuyo sonido es auténtico, grabado de un Aston Martin real- blindaje militar, y compartimentos integrados de armas. Y aun así, con elementos de fibra de carbono, cuero en el salpicadero y la palanca de cambios en oro. Un Aston Martin es un Aston Martin, aunque pertenezca al mundo virtual. ¿De verdad a nadie se le ocurrió antes un coche así para James Bond preparado por ‘Q’?
Por cierto, que el nombre ‘Dreadnought’ hace referencia al famoso buque de guerra británico HMS Dreadnought de principios del siglo XX, tan revolucionario en su momento que creó una categoría propia de embarcaciones militares.
Los coches y los videojuegos, una historia de muy lejos
La relación entre marcas de automóviles y videojuegos no es nueva. Gran Turismo ha sido durante años el gran embajador de las marcas en el mundo digital: la saga fue en parte responsable de introducir en el mercado occidental coches que apenas se conocían fuera de Japón, y también contribuyó significativamente a expandir el reconocimiento de marcas como Aston Martin, Alfa Romeo o Nissan entre una generación entera de aficionados al motor.
Need for Speed hizo algo parecido por la vía del tuning y la cultura urbana. El Nissan 350Z de Underground 2 o el BMW M3 GTR E46 de Most Wanted alcanzaron tal nivel dentro del juego que muchos jugadores los buscaron después en la vida real. La influencia funcionó en los dos sentidos: el videojuego creaba demanda en el mundo real de determinados modelos.
Pero el caso del Dreadnought es diferente a todos los anteriores. No es un coche real metido en un videojuego -como ocurre en Gran Turismo o Forza-, sino un coche diseñado desde cero para existir, exclusivamente, ‘en digital’. Es la primera vez que Aston Martin hace algo así, y la elección de Call of Duty -una de las franquicias más jugadas del mundo con cientos de millones de usuarios- no es casualdidad.
La estrategia detrás del juego
Aston Martin lo reconoce abiertamente: el Dreadnought es una herramienta para captar audiencia joven. Stefano Saporetti, director de diversificación de marca, ha explicado que la presencia en videojuegos les permite conectar con una nueva generación ‘hablando su propio lenguaje’, posicionando a la marca entre los consumidores de lujo del futuro.
La pregunta interesante es si este tipo de colaboraciones acaba influyendo en las decisiones de compra reales. La historia de Need for Speed con el 350Z y el M3 GTR sugiere que sí, que un coche que se hace icónico en un videojuego puede traducirse en demanda tangible años después. Aston Martin sabe perfectamente que el jugador de Call of Duty de hoy puede ser el comprador de un Vantage en diez años. Y el Dreadnought es su primera apuesta directa por ese futuro cliente.















