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¿Es cierto que la conectividad puede suponer un reto para muchas empresas con flotas?

En un momento en el que la digitalización avanza a gran velocidad y la gestión de flotas depende cada vez más de sistemas telemáticos, sensores y plataformas conectadas, la conectividad se ha convertido en un elemento crítico para el funcionamiento diario de miles de empresas.

Flotas de vehículos en carretera

Sin embargo, lejos de ser un recurso plenamente consolidado, continúa generando desafíos que afectan tanto a la eficiencia operativa como a la satisfacción de los trabajadores. Diversos estudios recientes apuntan a que más de una cuarta parte de las flotas experimenta problemas recurrentes de conexión, lo que demuestra que la transición hacia un ecosistema totalmente conectado todavía tiene camino por recorrer.

Los denominados dead zones -zonas sin cobertura o con señal inestable- siguen siendo uno de los principales obstáculos. Aunque pueda parecer un inconveniente menor, sus efectos se multiplican rápidamente: cuando un vehículo pierde conexión, no solo deja de transmitir su ubicación, sino que también se interrumpe el envío de datos esenciales para el cumplimiento de acuerdos de servicio, la planificación de rutas o la supervisión del comportamiento al volante.

Según un informe elaborado por Ericsson, un 27% de los gestores de flotas reconoce sufrir este tipo de incidencias, que derivan en retrasos, incumplimientos y un aumento de la frustración entre los empleados. De hecho, casi un tercio de los trabajadores afirma que consideraría cambiar de empresa si la conectividad continúa siendo deficiente, un dato que evidencia la importancia de la tecnología en la retención del talento.

La dependencia creciente de los sistemas telemáticos hace que cualquier fallo tenga un impacto directo en la operativa. Cuando un dispositivo deja de enviar datos -algo que puede ocurrir por problemas de cobertura, fallos de la tarjeta SIM, incompatibilidades de red o incluso por un exceso de tráfico en determinadas zonas-, la empresa pierde visibilidad sobre aspectos clave como el consumo de combustible, el estado del vehículo o el cumplimiento de normativas. Esto no solo afecta a la eficiencia, sino que también compromete la seguridad, ya que muchos programas de formación y corrección de hábitos de conducción dependen de un flujo constante de información.

A medida que las flotas incorporan nuevas funcionalidades -desde cámaras embarcadas hasta sistemas de mantenimiento predictivo o herramientas de asistencia avanzada-, la exigencia sobre la red aumenta. La llegada de tecnologías como el 5G promete mejorar la latencia y la estabilidad, pero su despliegue aún es desigual y no siempre cubre las rutas habituales de transporte. En este contexto, muchas empresas se encuentran en una fase de transición en la que conviven soluciones avanzadas con infraestructuras que todavía no están preparadas para soportarlas plenamente.

Pese a estos desafíos, la conectividad sigue siendo una oportunidad estratégica. Los gestores de flotas coinciden en que disponer de acceso continuo a los dispositivos a bordo es fundamental para mantener la competitividad. La clave está en anticiparse a los problemas, elegir proveedores capaces de ofrecer cobertura multi-red y garantizar que los equipos instalados sean compatibles con diferentes tecnologías. La conectividad ya no es un complemento, sino un pilar sobre el que se construye la eficiencia operativa, la sostenibilidad y la seguridad vial.

Y, por supuesto, sin olvidarse de la ciberseguridad

A medida que las flotas avanzan hacia modelos cada vez más conectados, la ciberseguridad se convierte en un elemento inseparable de la operativa diaria. La digitalización ha permitido optimizar rutas, reducir consumos y mejorar la seguridad vial, pero también ha abierto la puerta a nuevos riesgos que antes no existían. U nvehículo conectado es, en esencia, un dispositivo tecnológico en movimiento, y como tal puede ser vulnerable si no se aplican las medidas adecuadas. Por eso, los expertos coinciden en que la conectividad solo puede considerarse una ventaja real cuando está protegida por una estrategia sólida de seguridad digital.

Los ataques dirigidos a sistemas telemáticos han aumentado en los últimos años, especialmente en sectores donde la información en tiempo real es crítica. Un acceso no autorizado a los datos de una flota puede comprometer rutas, cargas, información sensible de clientes o incluso la integridad de los propios vehículos.

Para evitarlo, las empresas están adoptando soluciones que combinan cifrado de extremo a extremo, autenticación reforzada y monitorización continua de los dispositivos embarcados. Estas medidas permiten detectar comportamientos anómalos -como intentos de manipulación de los equipos o desconexiones sospechosas- antes de que se conviertan en un problema operativo.

La formación también juega un papel clave. Muchos incidentes se producen por errores humanos, desde la instalación de aplicaciones no autorizadas hasta el uso de contraseñas débiles. Por eso, cada vez más compañías están incorporando programas de concienciación para conductores y gestores, con el objetivo de que comprendan que la seguridad digital es tan importante como la seguridad física del vehículo.

En este sentido, cabe recordar la labor de Grupo CYBENTIA, cuya Área de Formación –dirigida por Jonay Peñate– ofrece cursos de formación donde se vincula la ciberseguridad con la movilidad; incluso un de los más exitosos es que el trata sobre la ciberseguridad en las flotas de vehículos y los sistemas que las gestionan. A esto se suma la necesidad de trabajar con proveedores que garanticen actualizaciones periódicas, compatibilidad con diferentes redes y una arquitectura diseñada para resistir ataques.

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