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Un fabricante perderá la mitad de su valor debido a un ciberataque; ¿cómo evitarlo?

Según estimaciones recientes, en los próximos diez años al menos un fabricante de automóviles sufrirá una pérdida de valor de mercado de hasta el 50 % como consecuencia directa de una brecha de ciberseguridad.

Imagen artística que representa un fallo de ciberseguridad y filtración de datos en un vehículo

En un mundo cada vez más conectado, donde los vehículos son definidos por software y forman parte de ecosistemas digitales complejos, los riesgos de ciberseguridad se multiplican. Y es que aunque nadie duda a estas alturas de que la conectividad en todo tipo de vehículos ofrece enormes ventajas, también expone a los fabricantes a nuevas amenazas.

Y es que bastaría un solo ataque exitoso -que, por ejemplo, tuviera como consecuencia que se tomase el control remoto de un vehículo para convertirlo en un arma- para que se produjesen consecuencias devastadoras, tanto para la seguridad pública como para la reputación de la marca afectada; algo que, incluso, podría afectar a los fabricantes más consolidados.

Los cibercriminales ya no actúan de forma aislada: utilizan herramientas avanzadas, recurren a técnicas de Inteligencia Artificial y de ingeniería inversa para explotar vulnerabilidades en el software de los vehículos. Un coche moderno puede contener más de 1.500 millones de líneas de código, lo que lo convierte en un objetivo complejo… pero atractivo para los delincuentes informáticos.

Ante este panorama, los fabricantes deben adoptar un enfoque integral de seguridad que combine hardware, software y conectividad. Esto implica, por ejemplo, que a sus productos se les realice auditorías de seguridad desde el momento en el que se están diseñando y desarrollando. Por otro lado, sería bueno integrar centros de operaciones de seguridad, tanto para productos -los PSOC- como para los vehículos en su conjunto -VSOC-.

Asimismo, es interesante que se gestionen de manera eficaz los materiales de software y su trazabilidad. Y de cara al usuario, que se le garanticen actualizaciones seguras y continuas a lo largo del ciclo de vida del vehículo, ya que también suelen incluir mejoras y parches de ciberseguridad. Finalmente, se hace necesaria la colaboración con operadores globales que sean capaces de ofrecer soluciones de conectividad seguras y escalables -para las necesidades futuras-.

Cabe destacar que, además, los marcos regulatorios están evolucionando con mucha rapidez. Las autoridades exigen que los fabricantes cumplan con estándares cada vez más exigentes en materia de protección de datos, ciberseguridad -la más conocida es la UNECE/R155– y resiliencia operativa. No hacerlo podría implicar la prohibición de comercializar vehículos en determinadas regiones, además de tener que enfrentarse a importantes sanciones económicas.

La industria automovilística debe anticiparse, no solo reaccionar. La seguridad ya no es un añadido: es un pilar estratégico. Y en esta nueva era, elegir socios tecnológicos con experiencia global y visión de futuro será tan importante como diseñar el próximo modelo estrella.

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