Mucho se habla de que el coche autónomo podría acabar con el placer de conducir, los accidentes de tráfico… y, ya de paso, unos cuantos empleos.
Llegar a tales conclusiones suena un tanto precipitado, por el hecho de que de la noche de la mañana -ni siquiera de un año o de un lustro para otro- no van a desaparecer todos los vehículos convencionales y van a ser reemplazados por ‘auto-móviles’-. Ni tampoco van a estar disponibles todas las infraestructuras necesarias para que se pudiera dar ese gran salto de manera instantánea.

Y que muchos de esos coches autónomos se utilicen como plataforma de transporte público tampoco quiere decir que sea el fin del taxi y el taxista, si bien es cierto que el modelo de negocio será bien distinto.
El taxista ya no será el conductor que lleve el coche hasta donde le diga un cliente, sino que pasará a ser un empresario que tendrá uno o varios coches autónomos trabajando para él, aunque encargándose de su mantenimiento, limpieza, actualización…
Una de las marcas que más van a apostar por estos taxis autónomos es Renault, que ya ha presentado varias aproximaciones de lo que serán sus vehículos de transporte autónomo y 100% eléctrico pensados para su desplazamiento por grandes núcleos urbanos.
Así, en diferentes salones del automóvil celebrados en Ginebra, Hannover y Paris hemos contemplado hasta tres concepts conocidos como EZ GO, EZ PRO y EZ ULTIMO. El primero de ellos es el equivalente a un autobús de transporte público y tamaño medio; el segundo es como una furgoneta pensada para el transporte y reparto de mercancías.
En cuanto al EZ ULTIMO, es lo que se ha dado en denominar robotaxi; la marca lo anuncia como una limusina, un transporte de lujo ideado para personalidades… si bien en su versión definitiva estará pensado para todos los públicos.
La idea es que comience a operar en el año 2023 y que esté listo para hacerlo en cualquier urbe; según fuentes consultadas por HACKERCAR, ya se estarían llevando a cabo diversas pruebas en pistas cerradas, de momento a velocidades de hasta 40 km/h -es decir, cercanas al límite de algunas calles de la ciudad- y que sería Madrid la ciudad elegida para los primeros test en el mundo real.













