Es una imagen sobradamente conocida: el centro de Manhattan -Times Square, la Quinta Avenida…- lleno de coches, formando atascos que parecen no tener fin. Muchos gurús tecnológicos predicen que la conducción autónoma acabará para siempre con estas situaciones.
Sin embargo otras voces advierten de que el coche autónomo, como dispositivo perteneciente a una red expuesta a riesgos, puede contribuir a provocar una situación caótica.
En Estados Unidos, un equipo del Instituto Tecnológico de Georgia ha presentado una interesante simulación sobre el efecto que un ataque contra estos coches puede causar en el tráfico de Manhattan.
El resultado es demoledor: solamente con un 10% de vehículos atacados, la circulación se detiene por completo en las principales vías. Y si se aumenta esta cifra hasta un 20% -lo que supondría dos de cada diez coches-, el colapso es tal que ni siquiera los vehículos de emergencia pueden prestar sus servicios.
A pie de calle esto se traduce en una situación cercana a la catástrofe, con altísimas cifras de muertos y heridos y una cuantiosa suma de dinero en daños materiales.
Descentralización como garantía de seguridad
Quizá la parte más negativa sea la facilidad con que un atacante, penetrando una única red de control –cuya seguridad, además, está más orientada a prevenir un incidente puntual con un único vehículo-, tenga poder para causar un daño de esta magnitud.
Por su parte, los autores del estudio aportan una posible solución a este problema: redistribuir los coches autónomos en múltiples redes y protocolos de control diferentes, de tal modo que solamente un 5% de ellos -como máximo- estén conectados a un mismo canal de transmisión.
De esta manera, un atacante necesitaría adentrarse en varias de estas redes de manera simultánea, lo que dificultaría el ataque en gran medida.















