Mucho más ‘silenciosa’ que la revolución electrificadora del automóvil es aquella que atraviesa el sector del transporte de pasajeros. La progresiva introducción de autobuses propulsados por electricidad está alcanzando, en la actualidad, altas cotas de cumplimiento. Incluso, en rutas que no parecerían todavía adecuadas para este tipo de vehículos.
Poco a poco, va dejando de ser tan común percibir -en olfato y vista- las grandes humaredas de estos ‘elefantes’ del asfalto cuando aceleran. Sus sustitutos no sólo realizan esta tarea sin emitir ningún contaminante: además, la ejecutan con una agilidad mucho mayor.
Y, mientras tanto, los pasajeros llegan a sus destinos con similar puntualidad, sin prestar atención a la energía que lo hace posible. Un éxito que, sin duda, pasa desapercibido en un primer momento… pero que ya se ha convertido en algo común en las ciudades más desarrolladas del mundo.
Algo que ya es muy real
En opinión de la marca de camiones y autocares MAN, nueve de cada diez líneas de transporte público urbano reúnen ya las condiciones para prestar servicio con ‘cero emisiones’. La firma germana considera, así, que la actual electrificación ya permite equiparar las prestaciones en condiciones reales de un autobús eléctrico con uno diésel. Incluyendo la cuestión de la autonomía.
Para ejemplificar esto último, MAN presenta la última iteración de su gama urbana, entre la cual destaca el Lion’s City 18E. Este autobús compuesto de 18 metros de longitud promete una autonomía de 270 km. Dicha cifra -garantizada durante su vida útil por la marca- permitiría cubrir un servicio diario de 18 horas al completo.
Todo este recorrido podría efectuarse, asimismo, sin recargas intermedias. Ello brinda a los operadores -a su vez- la posibilidad de simplificar la infraestructura de recarga, una operación que puede llevarse a cabo en las cocheras en apenas 4 horas cuando el autobús no está en servicio durante la noche.















