En colaboración con el fabricante especializado Akrapovic, la firma británica introduce un nuevo sistema de escape construido en titanio, cuyo principal objetivo no es aumentar la potencia, sino mejorar la experiencia acústica… que, seguramente, es un factor importante en clientes que se gastan más de 250.000 euros por un vehículo.
Este componente reduce ligeramente el peso total del vehículo -en total, unos diez kilos: se nota el material en el que se ha construido-, pero su verdadero valor reside en la calidad del sonido que emite. En condiciones de conducción normal, el sistema mantiene un tono contenido y refinado, en línea con la imagen clásica de Bentley.
Sin embargo, al activar el modo Sport del selector de modos de conducción, el sonido se transforma en una secuencia más grave, intensa y envolvente, capaz de acompañar cada aceleración con una personalidad más marcada… pero sin caer ‘en lo macarra’, ya que no concordaría mucho con el confort y el prestigio que caracterizan a la marca.
Los tubos de escape, diseñados de tal forma que puedan integrarse sin problema en eel estilo de los parachoques traseros, llevan grabados los emblemas de ambas compañías. La estética se mantiene coherente con la filosofía de Bentley: sofisticación técnica con acabados elegantes pero sin estridencias. La mejora está disponible tanto para modelos que se encuentran en producción como para aquellos que ya han sido entregados, lo cual permite a los propietarios actuales adoptar esta evolución en sus vehículos mediante instalación en concesionario. También se ofrece para el SUV Bentayga, ampliando las posibilidades dentro del catálogo actual.
En un momento en que la electrificación gana terreno dentro de la industria automotriz, el sonido sigue siendo una parte esencial en la construcción de la identidad de los vehículos de altas prestaciones. En fabricantes tradicionales como Ferrari o Porsche, la ‘música’ del motor se ha consolidado como una firma sonora reconocible -algo parecido a lo que sucede con Harley Davidson y su sonido patentado en sus motos-. Bentley, mediante esta mejora, no busca rivalizar en volumen, sino ofrecer una tonalidad que conserve el estilo de la marca sin renunciar al dinamismo.
El nuevo sistema no afecta -ni para bien ni para mal- a las cifras de rendimiento ni modifica la entrega de potencia de los propulsores V8 híbridos enchufables ni de las variantes más deportivas del Flying Spur y Continental GT. En su lugar, ofrece una expresión sensorial adicional para quienes valoran el sonido como parte inseparable del lujo y la conducción. Eso sí, siempre que estén dispuestos a pagar los más de 6.000 euros que puede costar un escape de este tipo.















