La compañía china, hoy uno de los mayores fabricantes de vehículos eléctricos del mundo, ha confirmado que está desarrollando robots humanoides destinados a desempeñar funciones comerciales en sus concesionarios. Según declaraciones de Stella Li, vicepresidenta ejecutiva de la marca, el objetivo es que «dos o tres robots» formen parte del equipo de cada punto de venta, capaces de explicar modelos, acompañar a los visitantes y realizar demostraciones de producto.
La idea no es sustituir a los vendedores humanos, sino reforzar la experiencia del cliente con asistentes capaces de operar en varios idiomas, mantener una atención constante y aportar un toque interactivo -y, desde luego, muy tecnológico- al showroom.
Este proyecto se apoya en una ventaja estratégica: BYD lleva años perfeccionando sistemas de software complejos, sensores, baterías y hardware de precisión para sus vehículos eléctricos. En palabras de la propia Li, los conocimientos acumulados en la industria del automóvil -donde la integración entre percepción, toma de decisiones y control del movimiento es fundamental- pueden trasladarse directamente al desarrollo de robots humanoides, reduciendo los plazos y acelerando su comercialización.
El programa, conocido internamente como Yao‑Shun‑Yu, ya va por su séptima generación y apunta a un despliegue inicial en concesionarios internacionales, especialmente en Europa, donde la marca reconoce dificultades de contratación y altos costes asociados a la atención multilingüe. En estos entornos, los robots actuarían como «nuevos empleados inteligentes», capaces de recibir a los clientes, guiarles por el espacio y ofrecer explicaciones estandarizadas sobre cada modelo. BYD considera que esta fórmula puede mejorar la consistencia del servicio y, al mismo tiempo, liberar tiempo para que los vendedores humanos se centren en tareas de mayor valor añadido.
Sin embargo, la idea podría pasar por llevar a estos humanoides a otros ámbitos que no sean los concesionarios. De hecho, la compañía asiática imagina un futuro en el que estos humanoides también lleguen a los hogares para realizar tareas domésticas -limpiar, cocinar, acompañar a personas mayores- y convertirse en parte de un ecosistema de servicios inteligentes. Su objetivo es crear robots equilibrados, capaces de ejecutar movimientos complejos y, al mismo tiempo, comprender y responder de forma natural a las necesidades del usuario.
La compañía incluso contempla una plataforma abierta que permita integrar desarrollos de terceros, replicando el modelo de colaboración que ya utiliza en su negocio automovilístico. En un mercado que podría crecer de 3.000 millones de dólares en 2025 a 28.000 millones en 2030, según estimaciones citadas por Business Insider, BYD quiere posicionarse como uno de los actores clave de esta nueva industria.
Y, por supuesto, sin dejar de lado lo relacionado con la ciberseguridad
Si estos robots van a interactuar con clientes, acceder a bases de datos internas y operar en entornos físicos reales, su seguridad digital debe ser tan sólida como la de cualquier vehículo conectado. Como bien nos recuerdan los expertos del Área Técnica de EUROCYBCAR -cuya CEO y fundadora es Azucena Hernández-, un robot comercial podría ser objetivo de un atacante que busque manipular su comportamiento, obtener información sensible o incluso interrumpir la actividad del concesionario. Para evitarlo, es imprescindible aplicar medidas de protección similares a las de la automoción moderna.
La primera capa es el end‑to‑end hardening del sistema: cifrado de todas las comunicaciones -incluidas las órdenes que recibe el robot y los datos que envía al servidor-, autenticación fuerte y segmentación de redes para impedir que un acceso no autorizado se propague a otros sistemas. También es clave implementar un control estricto de actualizaciones, con parches firmados digitalmente y verificados antes de su instalación, evitando que un atacante introduzca firmware malicioso.
Los robots deben contar con sistemas de monitorización continua capaces de detectar comportamientos anómalos, como movimientos no programados, respuestas incoherentes o intentos de conexión a servidores desconocidos. Estos mecanismos -similares a los conocidos como IDS/IPS utilizados en ciberseguridad industrial- permiten reaccionar de forma automática, limitando funciones o desconectando módulos comprometidos.
Otro aspecto crítico es la protección de los sensores y actuadores. Un robot que interpreta mal su entorno por manipulación de cámaras o lídar podría ejecutar acciones peligrosas. Por ello, se recomienda validar las señales mediante redundancia -dos sensores que verifican la misma información- y algoritmos que detecten inconsistencias.
Finalmente, la privacidad del cliente debe ser prioritaria. Si el robot recoge datos de voz, gestos o preferencias, estos deben almacenarse de forma mínima, anonimizada y con estrictos controles de acceso.















