En lo que llevamos de sigo XXI se ha hecho muy popular una tecnología que proporciona mucha comodidad al usuario cuando tiene que usar un vehículo. Nos referimos al sistema de acceso y arranque sin llaves, también conocido como ‘keyless’.
Sin embargo, por desgracia y tal y como nos han contado en numerosas ocasiones los expertos del Área Técnica de EUROCYBCAR -cuya CEO y fundadora es Azucena Hernández-, también esta tecnología ha supuesto un notable incremento de los ciberdelitos contra los vehículos.
¿La razón? Aprovecharse de su principal vulnerabilidad: el hecho de que pueda ser víctima del relay attack o ataque de amplificación de señal, una técnica que permite a los ladrones “alargar” la comunicación entre la llave y el coche para abrirlo y arrancarlo sin necesidad de forzar nada, sin violencia, sin apenas llamar la atención y en cuestión de segundos.
Para protegerse de este tipo de ataques, ya hay miles de conductores que han recurrido a las fundas o bolsas de Faraday, unos pequeños estuches que bloquean las señales inalámbricas del mando -de todo tipo en realidad: WiFi, Bluetooth, GPS o radiofrecuencia- gracias a un tejido interno metálico que actúa como jaula electromagnética. Su popularidad ha crecido tanto que se han triplicado sus ventas en apenas un año. Pero lo que muchos usuarios desconocen es que estas fundas no duran para siempre. De hecho, pueden ‘caducar’ sin que el propietario se dé cuenta.
Un informe reciente de la asegura Tempcover y la cadena Halfords de productos y servicios para automoción alerta de que más de una cuarta parte de los conductores cree que una funda de Faraday es una compra única, algo que se adquiere una vez y queda resuelto para siempre. La realidad es muy distinta.
El material interno -normalmente una mezcla de níquel y cobre- se degrada con el uso cotidiano: plegados constantes, llaveros con bordes afilados, humedad, sobrecarga de objetos o simplemente el desgaste natural de abrir y cerrar la funda decenas de veces al mes. Cuando esto ocurre, se produce lo que los expertos llaman ‘fatiga Faraday’: la jaula deja de ser hermética y la señal vuelve ‘a escapar’.
El problema no es solo técnico, sino también legal. Según Tempcover, muchos conductores creen que, aunque su funda haya perdido eficacia, su seguro seguirá cubriendo un robo por relay attack. Sin embargo, la aseguradora advierte de que un dispositivo deteriorado puede interpretarse como una «falta de diligencia razonable», lo que podría complicar -o incluso impedir- una indemnización. En otras palabras: confiar en una funda que ya no bloquea la señal no solo deja el coche expuesto, sino también al propietario.
Los datos del estudio son reveladores. De los 2.000 conductores encuestados, el 27% admite que nunca comprueba si su funda sigue funcionando. Uno de cada 14 solo la prueba una vez al año, y muchos llevan usando la misma desde hace más de dos años, cuando los expertos recomiendan revisarla con mucha más frecuencia. Todo esto ocurre en un contexto en el que, según Admiral, el 70% de los robos de vehículos involucra coches con sistema keyless.
La preocupación ha llegado incluso al ámbito legislativo. El nuevo Crime and Policing Act 2026, aprobado recientemente en Reino Unido, convierte en delito la fabricación, importación o posesión de dispositivos utilizados para robar vehículos mediante amplificación de señal, inhibidores o rastreadores clandestinos. La ley también otorga a la policía más herramientas para localizar y recuperar coches robados mediante técnicas electrónicas.
La conclusión de todo esto resulta bastante evidente: las fundas de Faraday funcionan, pero no son eternas. Igual que ya se revisan los frenos, los neumáticos o la batería, también conviene comprobar periódicamente si la funda sigue bloqueando la señal del mando -basta con introducir la llave, cerrar la funda y acercarse al coche; si abre, toca reemplazarla-.















