El documento, llamado ‘Puntuación de madurez en transición energética’, analiza la capacidad real de cada país para incorporar autos eléctricos a gran escala. No se trata solo de cuántos vehículos circulan, sino de un conjunto amplio de factores: desde la paridad de costos frente a los modelos a combustión, hasta la densidad de la red de carga pública, la cuota de mercado de los eléctricos y el nivel de descarbonización de la matriz energética.
Bajo ese prisma, Europa vuelve a dominar el ranking, aunque con diferencias marcadas entre el norte y el sur del continente. Países como Noruega, Países Bajos, Dinamarca o Suecia aparecen en la cima, con redes de carga densas, incentivos fuertes y cuotas de mercado que superan con holgura a las del resto del mundo.
En contraste, el sur de Europa avanza más lento -España es un buen ejemplo-, con despliegues de infraestructura menos ambiciosos y políticas públicas menos agresivas. Aun así, la región completa obtiene una media de 50 puntos sobre 100, muy por encima de lo que ocurre en América Latina. En este escenario, Chile aparece con 36 puntos, lo que lo ubica en la categoría de países ‘en transición’, adecuados para tecnologías híbridas pero todavía lejos de estar preparados para una adopción masiva de vehículos 100% eléctricos. Aun así, la posición chilena es mejor de lo que podría pensarse: el país se sitúa como segundo en la región, solo por detrás de Uruguay, que sorprende con 51 puntos y se cuela entre los mercados considerados ‘maduros’.
El caso uruguayo destaca por su red de carga bien distribuida y por políticas de incentivo claras, lo que le permite competir con países europeos de alto desarrollo. Chile, en cambio, muestra avances más moderados. Aunque su matriz energética es cada vez más limpia y la oferta de modelos eléctricos crece año a año, la infraestructura de carga sigue siendo insuficiente fuera de las grandes ciudades. Además, el costo de entrada continúa siendo una barrera importante para la mayoría de los consumidores, lo que explica por qué los híbridos -especialmente los no enchufables- siguen dominando la transición local.
El informe también compara a Chile con economías de mayor tamaño. Llama la atención que países como Japón, Australia o Polonia obtienen puntuaciones similares o incluso inferiores, lo que refleja que la transición energética no depende solo del nivel de desarrollo económico, sino de decisiones políticas y de la velocidad con que se despliega la infraestructura. China, pese a ser el mayor productor y vendedor de autos eléctricos del mundo, obtiene 58 puntos, lejos del liderazgo noruego, aunque igualmente dentro del grupo de países más preparados.
Para Chile, el resumen es claro: no cabe duda de que se han producido avances, pero falta camino, lo cual también se puede ver como un retro interesante. La región completa promedia apenas 32 puntos, afectada por la falta de incentivos, la infraestructura limitada y la menor prioridad política. En ese contexto, Chile destaca como un país con potencial, pero que necesita acelerar su estrategia si quiere acercarse a los estándares internacionales y convertir la electromovilidad en una realidad del día a día.




