Durante 2025, Chile registró cerca de 8.800 millones de intentos de ciberataques, una cifra inédita que lo posiciona como el cuarto país más atacado de Latinoamérica, solo detrás de Brasil, México y Colombia. Y la cosa parece que va a más: solo en el primer semestre de ese mismo año, los especialistas de FortiGuard contabilizaron más de 15.000 millones de intentos dirigidos a organizaciones chilenas, con especial foco en telecomunicaciones y banca, sectores que concentran más del 60% de los ataques. La tendencia es evidentes: los ciberdelincuentes están operando con más velocidad, más automatización y más Inteligencia Artificial que nunca.
El récord de ataques no se explica solo por el aumento de la actividad criminal, sino por un cambio profundo en la forma en que los grupos de amenazas trabajan. Hoy ya no lanzan campañas masivas y desordenadas; funcionan como verdaderas industrias, con herramientas de IA que automatizan el reconocimiento, la explotación y la ejecución de ataques.
Según Fortinet, los escaneos activos en Chile alcanzan ritmos de 36.000 intentos por segundo, lo que permite a los atacantes mapear servicios vulnerables apenas horas después de que se publica una falla de seguridad. Esto reduce de una forma drástica el tiempo de reacción de las empresas, que muchas veces siguen dependiendo de parches manuales, equipos pequeños y procesos lentos.
Las vulnerabilidades más explotadas suelen ser las mismas: sistemas sin actualizar, contraseñas débiles, accesos remotos expuestos y fallas en servicios críticos como RDP, SIP o protocolos industriales OT. En sectores como la manufactura, la logística o la automoción -donde los autos conectados y los sistemas telemáticos ya forman parte del día a día- estas brechas pueden paralizar operaciones completas. De hecho, el ransomware ha evolucionado desde el secuestro de datos al secuestrar servicios, calculando cuánto daño provoca detener una línea de producción o un servicio esencial para luego exigir rescates millonarios.
La creación de la Agencia Nacional de Ciberseguridad -ANCI- en 2025 fue un paso importante, pero aún insuficiente. La obligación de reportar incidentes en un máximo de tres horas es un avance, aunque muchas empresas no cuentan con monitoreo 24/7 ni automatización de respuesta, lo que significa que un ataque nocturno puede pasar inadvertido hasta el día siguiente, cuando el daño ya está hecho. La brecha de talento también pesa: miles de vacantes en ciber quedan sin cubrir y muchas organizaciones siguen viendo la seguridad como un gasto, no como una inversión estratégica.
También hay consejos básicos para reducir esa cifra…
Para evitar que Chile vuelva a enfrentar cifras tan altas de ciberataques, las empresas -grandes y pequeñas- pueden adoptar medidas simples pero altamente efectivas. Lo primero es mantener todos los sistemas actualizados: la mayoría de los ataques exitosos se aprovechan de fallas conocidas que ya tienen parches disponibles.
Implementar actualizaciones automáticas y revisar periódicamente los servicios expuestos es clave para reducir la superficie de ataque. También es fundamental usar contraseñas robustas y activar autenticación multifactor en todos los accesos sensibles; este paso, que toma segundos, bloquea gran parte de los intentos de intrusión basados en fuerza bruta.
El monitoreo continuo es otro pilar. Contar con alertas en tiempo real y herramientas que detecten comportamientos anómalos permite reaccionar antes de que un incidente escale. Para empresas que no tienen equipos internos, los servicios gestionados de ciberseguridad son una alternativa accesible.
La capacitación también importa: muchos ataques comienzan con un correo de phishing, por lo que entrenar a los trabajadores y empleados para identificar señales sospechosas puede evitar daños mayores. En este sentido cabe recordar que una empresa como Grupo CYBENTIA, tiene un Área de Formación -dirigida por Jonay Peñate- que está especializada en cursos únicos en el mundo que combinan ciberseguidad con automoción y movilidad inteligente y conectada.
Finalmente, adoptar una cultura de ‘seguridad por diseño’ -desde el desarrollo de software hasta la operación diaria- ayuda a que cada proceso, cada sistema y cada nuevo proyecto nazca protegido. La prevención, más que la reacción, es la clave para que Chile deje atrás los récords negativos.




