En Chile, donde el tren representa una pieza clave de la conectividad territorial y logística, la ciberseguridad ferroviaria se ha convertido en una preocupación creciente. Aunque para muchos aún suene a ciencia ficción, sí, es posible ciberatacar un tren, y los riesgos asociados van mucho más allá de simples fallos técnicos: pueden comprometer la seguridad de pasajeros, paralizar el transporte de mercancías y afectar la infraestructura crítica del país.
Los trenes modernos, al igual que sucede con otro tipo de vehículos terrestres, ya no son meras máquinas mecánicas. Están cada vez más conectados a redes digitales que gestionan desde el frenado automático hasta la señalización y el control de tráfico.
Esta digitalización, aunque mejora la eficiencia, también abre puertas a actores maliciosos. Según un informe reciente de ESET, los ciberataques al sector ferroviario han aumentado en más de un 200% en los últimos cinco años, afectando sistemas en países como Polonia, Ucrania y Alemania.
Uno de los casos más llamativos ocurrió en 2023, cuando unos crackers lograron detener 20 trenes en el norte de Polonia mediante una señal de radio falsificada. Lo hicieron con un transmisor barato, aprovechando vulnerabilidades en la infraestructura heredada del sistema ferroviario. Este tipo de ataque -conocido como spoofing– demuestra que no se necesita tecnología sofisticada para generar un caos considerable.
En Chile, donde el sistema ferroviario combina infraestructura antigua con nuevas tecnologías, el riesgo es real. Muchos dispositivos y protocolos aún no han sido actualizados, y la convergencia entre sistemas operativos tradicionales -OT- y tecnologías de la información -IT- facilita el acceso a redes que antes estaban aisladas. Esto significa que un atacante podría, en teoría, interferir con el control de frenado, alterar rutas o incluso paralizar el servicio en zonas clave.
La situación se complica por factores burocráticos y presupuestarios. Modernizar el sistema ferroviario requiere inversiones millonarias y coordinación entre múltiples entidades. En Europa, por ejemplo, apenas el 1.6% de la red alemana cuenta con sistemas de control seguros, y se estima que actualizar cada tren puede costar más de 300.000 euros. En Chile, donde el presupuesto público enfrenta múltiples demandas, convencer a los tomadores de decisiones de priorizar la ciberseguridad ferroviaria no es tarea fácil.
Sin embargo, los expertos insisten en que la seguridad digital debe ser tan importante como el mantenimiento físico de los trenes. Soluciones como el aislamiento de redes –conocido como air-gapping-, la segmentación digital, la detección proactiva de amenazas y la gestión automatizada de parches pueden marcar la diferencia. Además, trabajar con plataformas de inteligencia de amenazas permite anticiparse a los ataques en lugar de reaccionar cuando ya es tarde.




