En la última década, el uso de pagos digitales en Chile se ha cuadruplicado, alcanzando más de 370 transacciones por persona al año, según cifras del Banco Central. Hoy, el 74% del consumo de los hogares se paga con tarjeta y las transferencias electrónicas concentran la mayoría del valor operado. Este cambio ha impulsado la economía y facilitado la vida cotidiana -desde comprar un café hasta pagar la cuota de un auto-… pero, como era de esperar, también ha multiplicado los intentos de fraude y los ciberataques.
Los expertos advierten que la ciberseguridad tiene que contemplarse como un componente esencial de la confianza del sistema financiero. En Chile, las denuncias por fraude en medios de pago alcanzaron sus niveles más altos en más de una década. Los delincuentes o piratas informáticos operan con mayor coordinación y sofisticación, aprovechando brechas en plataformas, aplicaciones y sistemas de autenticación.
El fenómeno del phishing -técnica de suplantación de identidad-, por ejemplo, se ha extendido más allá del correo electrónico: hoy circula por mensajes de texto y redes sociales, imitando portales de bancos, tiendas o autopistas urbanas para robar datos personales y bancarios.
La Inteligencia Artificial se ha convertido en una herramienta clave para enfrentar este escenario. Los sistemas de pago incorporan modelos predictivos capaces de analizar transacciones en tiempo real y detectar anomalías antes de que el pago se concrete. En cuestión de milisegundos, pueden bloquear operaciones sospechosas o redirigirlas por rutas seguras, reduciendo el riesgo de fraude sin afectar la experiencia del usuario.
El desafío viene por partida doble: proteger la infraestructura y educar al consumidor. En un país donde el 95% de los pagos con tarjeta o dispositivo ya son sin contacto, la seguridad depende tanto de la tecnología como del comportamiento de las personas. Evitar compartir códigos, verificar la autenticidad de los sitios y mantener actualizado el celular o el computador son medidas básicas, pero decisivas.
Por supuesto, el sector de la automoción se ve afectado por esta transformación. Las plataformas de venta de autos, los servicios de movilidad y las redes de carga eléctrica -para modelos de cero emisiones- dependen de pagos digitales seguros. Un ataque que comprometa esos sistemas podría afectar la confianza de los usuarios y la continuidad de las operaciones. En ese sentido, la ciberseguridad no solo protege el dinero: protege también la movilidad, la reputación y la estabilidad de todo el ecosistema digital.
Chile está entre los países más avanzados de la región en adopción tecnológica. El reto ahora es que ese liderazgo también conlleve pagos más seguros, más confiables y más conscientes.




