Prueba a fondo

Volkswagen T-Cross Sport

VW ha tardado en completar -por debajo- su gama de SUVs... pero lo ha hecho con un modelo que plantea la competitividad como principal virtud. ¿Cuánta tecnología se incluye en su relación calidad-precio?

Imagen frontal del VW T-Cross

Qué debes saber sobre el Volkswagen T-Cross:

Que es el último miembro de la ‘familia SUV’ de Volkswagen. A la venta desde la primavera de 2019, supone el cierre inferior de la gama de todo caminos del fabricante alemán. Mide aproximadamente unos 4,10 m de longitud, por 1,76 de anchura y 1,58 de altura. Con sus 385 litros de maletero -que se obtienen fácilmente haciendo uso de su banqueta trasera corrediza-, es el que mejor aprovecha el espacio de la plataforma MQB-A0, la cual comparte con sus ‘primos’ Audi Q2, Seat Arona y Skoda Kamiq.

Que se fabrica en España, concretamente en la planta navarra de Landaben donde también se fabrica el urbano Polo. De sus líneas de montaje sale -y saldrá, por ahora- en exclusiva para todo el mundo, a un ritmo diario de unas 1.408 unidades. Así que, si valoras que ‘todo quede en casa’, es una opción más a considerar frente a rivales como el Renault Captur.

Que es suficientemente tecnológico. El acabado Sport de nuestra unidad de pruebas es el más completo de los tres que se ofrecen. De serie, estarás cubierto con las comodidades irrenunciables como el control de crucero, la frenada de emergencia en ciudad o las luces y limpiaparabrisas automáticos. Sin embargo, las opciones son muy interesantes y bastante asequibles, como el acceso y arranque ‘sin llave’, la navegación conectada o los asientos calefactables. En total, uno como el de las fotos te supondrá -sin promociones- un desembolso cercano a los 24.220€.

«En el segmento B-SUV -donde las tapicerías de cuero son una molestia, más que un lujo-, a VW le hacía falta ofrecer alternativas desenfadadas… sin descuidar la tecnología. El T-Roc abrió la lata con gran éxito. Y ahora es el turno del pequeño T-Cross».

No es un dicho popular… pero no le quita ni un ápice de obviedad: si algo te funciona bien, repítelo todas las veces que puedas. Lo cierto es que no deja de ser curioso cómo ha evolucionado Volkswagen a través del tiempo. Si en los setenta y ochenta se apañaba con el Kügelwagen y el Golf Country para todo lo que tuviera que ver con pisar fuera del asfalto… ahora, su catálogo posee más modelos despegados del suelo que apegados a él.

El ‘culpable’ de esta transformación fue -en su momento y hora- el Touareg, el cual jamás ha perdido su condición de icono: al principio, lo fue de la bonanza económica europea. Y en la actualidad, representa el ‘no va más’ de Wolfsburgo.

De sus ‘costillas’ nació el Tiguan, que heredó el carácter distinguido de su progenitor y sirvió, además, como base para la larga parentela que posee dentro del grupo germano. Sin embargo, quedaba por ocupar el nicho de los llamados ‘B-SUV’, los cuales se han convertido en el coche único de muchas familias.

Imagen posterior del VW T-Cross

Y en este segmento -donde las tapicerías de cuero son una molestia, más que un lujo-, hacía falta ofrecer alternativas desenfadadas… sin descuidar la tecnología. El T-Roc abrió la lata con gran éxito. Y ahora es el turno del pequeño T-Cross.

Lo que hace… lo hace bien

Como de costumbre, comenzamos el apartado de las ayudas a la conducción con la más destacada: el control de crucero. En este caso es adaptativo -como viene siendo norma- aunque, con la transmisión manual, pierde posibilidades de uso frente a su combinación con la caja automática DSG. Por ejemplo, carece de la función ‘Stop&Go’ -ideal en atascos-, desactivándose automáticamente por debajo de 20 km/h. Eso sí, el radar frontal permanece alerta siempre para lanzarte el mensaje ‘¡FRENE!’ si el vehículo de delante está parado.

Mandos en el volante del VW T-Cross

Otro punto ‘chocante’ de esta extraña pareja surge en la circulación por vía rápida con cambios drásticos de ritmo. En la marcha más larga -sexta-, las recuperaciones realizadas por el sistema -sin nuestra ayuda con el pedal- distaron de ser rápidas.

Esto -que viene dado por los desarrollos del cambio y la desenvoltura a bajas vueltas del motor- recorta mucho la versatilidad de un dispositivo excelentemente diseñado, cuyo potencial hemos podido comprobar en decenas de vehículos del grupo. Por tanto, su uso en esta configuración del T-Cross queda relegado a supuestos de crucero máximo legal -120 km/h- y sin nadie que nos estorbe por delante nuestra.

Un sistema que sí conserva todo su ‘buen hacer’ es el de mantenimiento de carril. Su funcionamiento es casi imperceptible, emitiendo tan sólo leves -y suaves- correcciones en la caña de la dirección. Por ponerle un ‘pero’, quizás echaríamos en falta algún aviso físico para el conductor como, por ejemplo, una vibración en el volante.

Menú de ADAS en el VW T-Cross

En lo referido a sus campos de detección, encontramos una grata sorpresa en los dedicados a suplir los ángulos muertos: captan sin problema las motocicletas que pasan cerca de ambos laterales. Esta virtud -que no es para nada común- tiene una contrapartida, pues en nuestras pruebas nos ha parecido que entra en acción cuando el otro vehículo está demasiado cerca… que viene a ser, más o menos, a la altura de las puertas delanteras. Un ínfimo recalibrado -para lograr un poquito más de anticipación- sería lo ideal.

Los sensores de maniobra -delanteros y traseros, pues carece de los laterales- están ‘afinados’ con similar prudencia, aunque las formas del paragolpes frontal influyen en algunos ‘falsos positivos’ que surgen ante obstáculos como badenes, bordillos o el final de una rampa descendente. Están reforzados por una cámara de visión posterior -de serie en España- con buena calidad, como no podía ser de otra manera. Su único problema es su ubicación -justo por debajo del símbolo de VW en el portón-, que la vuelve propensa a ensuciarse.

Interior del VW T-Cross

En otro orden de cosas -aunque retomando nuestros apuntes dinámicos del principio-, nos han sorprendido las marcadas diferencias entre sus tres modos de conducción. Empezando por el ‘Eco’, con una respuesta algo más perezosa de lo que admite la lógica… y terminando por lo cómodo y gozoso que es conducir el T-Cross en modo ‘Sport’. Con él activado, el coche -sin ser, desde luego, un GTI- aporta una agradable sensación de agilidad. Justo lo que esperarías de un modelo dedicado a la ‘batalla urbana’.

Cerramos el capítulo con la peor parte de la prueba: las ausencias. Y es que en nuestra unidad no estaban presentes ni la apertura y arranque ‘sin llave’, ni el cargador inalámbrico para smartphones… ni tampoco el asistente de aparcamiento automático.

Por suerte, se solucionan con los 755€ que cuesta el simpático paquete ‘Hola Tecnología’. La falta que no tiene remedio sigue siendo la del freno de mano eléctrico, un ‘mal necesario’ de la plataforma que ya sufren otros como el Skoda Scala.

Pantallas: las justas… pero las necesarias

Viniendo de la marca que ha creado un sistema como el ‘mastodóntico’ Innovision del Touareg, la escasez de superficie virtual del T-Cross parece ‘un mal chiste’. Sin embargo, con el paso de los kilómetros acabas aprendiendo que no necesitas más para controlar todo lo que ocurre en marcha.

Virtual Cockpit del VW T-Cross

El ‘Virtual Cockpit’ abarca unas 13 pulgadas, y poco o nada le diferencia del que posee el Polo. Posee dos modalidades de visualización, siendo la más útil la que imita los tradicionales velocímetro y cuentavueltas.

Además -siguiendo la costumbre de los modelos del grupo-, puedes personalizar el centro de ambos con varios tipos de información adicional como el consumo instantáneo o la autonomía. Como defecto, tal vez podría ‘contagiarse’ del carácter alegre del coche… y ofrecer unos gráficos más vistosos.

Sistema multimedia del VW T-Cross

La pantalla central del salpicadero da cobijo -en sus ocho pulgadas- al sistema multimedia. La unidad de nuestra prueba no contaba con el navegador ‘Discover Media’, debiendo recurrir a la compatibilidad con Android Auto y Apple CarPlay para orientarnos.

Dos virtudes destacan en este sistema. En primer lugar, su colocación y orientación hacia el conductor son ideales por estética y seguridad: no queda como un ‘pegote’, ni te obliga a apartar demasiado la vista de la carretera.

App Think Blue Trainer del VW T-Cross

Y, en segundo lugar, tiene un tacto y respuesta magníficos. Además, familiarizarse con los menús es sencillo. No obstante, puede aplicársele lo mismo que a su ‘pareja de baile’: le vendría muy bien algo más de ‘alegría’. Hasta la aplicación ‘Think Blue Trainer’ -el calificador ‘eco’- tiene una apariencia más ‘sosa’ que la del EcoTrainer de Seat.

Reproducción de audio en el VW T-Cross

Para terminar, la calidad del equipo de audio estándar es bastante buena, con el beneficio adicional del buen aislamiento interior. Pero el prometedor sistema Beats -con 6 altavoces, ‘subwoofer’ y 400 watios de potencia- está a sólo 485€ de distancia, lo cual nos obliga a recomendarlo frente al de serie.

VALORACIONES
CONECTIVIDAD
7
ASISTENTES A LA CONDUCCIÓN
8.5
TECNOLOGÍA DE CONFORT
7.5
TECNOLOGÍA DE ENTRETENIMIENTO
8
Diego García
Licenciado en Periodismo, comencé mi andadura en prensa local con el Heraldo de Soria y terminé haciendo labores de comunicación para la Biblioteca Digital del Ayuntamiento de Madrid. Agradecido de poder expresar con mi trabajo mi amor por los coches. Petrolhead a tiempo completo y, cuando no estoy trabajando, pilotillo en simuladores de conducción. Sólo estoy vivo cuando estoy en la carretera. Creo firmemente en un uso responsable de la tecnología. Por ello, mi cometido aquí es contribuir a que la sociedad pierda el miedo frente a los avances y cambios que trae.

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