Movilidad

Trump quiere que le lleven… y cuanto antes

Tras las ya lejanas primeras dudas aparecidas con respecto a la conducción autónoma, la administración de Trump se posiciona otorgándole banda ancha ¿Es irresponsable la desregulación que se pretende?

Trump alzando el puño
Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Continúa la laxitud de la administración Trump con respecto a la conducción autónoma. El último documento firmado sobre este asunto, reafirma la regulación ligera a la que estaba ya expuesto el sector. Con él se busca promover el crecimiento de una industria que ya encuentra muchas trabas en el factor tecnológico.

Hasta ahora, la política vigente sobre el tema dejaba las responsabilidades en manos de las autoridades estatales. La única restricción a nivel global consistía en una hoja que recogía 80 directrices a seguir por las fabricantes. La ley es especialmente permisiva con las tecnologías que permite usar a la industria, a las que no pone ningún escoyo. El plan del gobierno estadounidense compromete a instituciones como el departamento de defensa o la NASA en un proyecto mil millonario.

La nueva política busca reafirmar el respaldo que EE.UU como país asegura a las compañías que desarrollen este tipo de tecnología. Esta siempre ha sido la postura de la administración norteamericana más allá del caso de mortalidad que sufrió un modelo de Uber en 2018. Con dicha legislación se busca proteger la propiedad intelectual y descargar de impuestos a estas.

En palabras Elaine Chao, secretaria de transporte «necesitamos que estos procesos se lleven con presteza porque los coches autónomos pueden salvar miles de vidas». Declaraciones como que estos vehículos «no se emborrachan, no se cansan, ni se distraen» muestran la fe ciega de los poderes gubernamentales. Una confianza situada por encima del factor humano.

El fin… ¿justifica los medios?

Los analistas sitúan precisamente aquí el problema, pues, sencillamente, la regulación pretende que los coches solo respondan ante sí mismos. Compañías como Uber, Waymo o Cruise están realizando pruebas en calles públicas sin que estas sean notificadas. Obviamente con el respaldo de las autoridades.

Estos transportes van desde rutas sin ningún pasajero a trayectos autónomos en el trasnporte público de Phoenix. Pese a que desde las instituciones se invita a registrar e informar de la actividad llevada a cabo, solo 18 empresas dedicadas al sector cumplen con esta obligación. El resto no ha acusado ningún tipo de penalización por no hacerlo.

Desde el gobierno de Trump tienen claro que la conducción autónoma es la vía para garantizar unos estándares de seguridad nunca antes conocidos. Y Estados Unidos es de forma obligada el mayor campo de crecimiento de la conducción autónoma. Pese a esto, en el reportaje mencionado apuntan que en el camino muestran una despreocupación por su regulación que pone a la carrera industrial por encima del objetivo principal. Los especialistas temen que el fin justifique los medios.

David Sánchez
Periodista a punto de licenciarse -en Periodismo, obviamente-. Soy nativo digital e hijo de transportistas, así que la tecnología y el motor me vienen dados. Aunque la carrera sea inútil, creo en el periodismo como profesión y forma de afrontar la vida. Curiosidad, honestidad y pasión por la comunicación. Aun sin carnet el himno de mi vida es Born to Run, y eso que Bruce Springsteen me pilla lejos. Cultura, deportes y videojuegos completan el elenco de mis pasiones.

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