Tecnología HC

Tres avances tecnológicos para coches… que nadie pidió

La industria automotriz investiga sin descanso, en busca de nuevas formas de facilitar tu experiencia de conducción. Aunque, en ocasiones, deberían darle alguna vuelta más a sus ideas...

Imagen de un Payaso en Coche
Image by skeeze from Pixabay

Lo vemos hoy: los fabricantes de coches no paran nunca de investigar y mejorar sus productos. Especialmente -como bien sabrás, si eres habitual de esta página- en todo lo que toca a los asistentes, las ayudas y la conectividad.

Pero no es que se hayan embarcado en esta tarea por ciencia infusa. No. En realidad, llevan haciéndolo desde que existe la máquina misma. Y, si bien algunos de estos avances han sido decisivos -salvando incluso vidas, como el ‘airbag’-, otros… digamos que no fueron tan acertados.

Vamos a ver tres casos prácticos -y escalofriantemente reales- de ‘artilugios’ concebidos, desde luego, en días poco inspirados.

El volante Quartic

A principios de la década de los setenta la British Leyland tenía un problema, y no pequeño: acumulaba en sus catálogos modelos desfasados -por su estética dibujada veinte años atrás- y ‘sosos’. Esto hizo que, a pesar de vender Minis casi ‘a granel’, las cuentas generales tuviesen cada vez peor pinta. Y fue entonces -con la crisis del petróleo iniciándose- cuando alguien tuvo una revelación: ¿por qué debían ser los volantes siempre redondos?

Imagen de un Volante Quartic

La imagen que ves arriba no está trucada en absoluto. Aquel ‘pensador’ logró convencer a los directivos suficientes como para hacer realidad sus socráticas reflexiones. De este modo, aquella -entonces- ‘rabiosa novedad’ que fue el Austin Allegro incorporó este nuevo volante, denominado Quartic y -pásmate- anunciado a bombo y platillo por la marca en su día.

Evidentemente, la cosa no salió bien. Apenas dos años tras el despropósito, el pobre Allegro -que ya era problemático de por sí- recuperó el volante tradicional. Pero ya se había dado otro paso más hacia el fin de los de Longbridge…

El carburador electrónico

Poco tiempo después, en Italia -casa preferente para las ‘locuras técnicas’-, el grupo Fiat de Gianni Agnelli decidió apostar por introducir más electrónica en sus modelos… aunque, eso sí, con prudencia. Bajo el capó, esto se tradujo en añadir un módulo de control vinculado a los carburadores, que aún se utilizaban con frecuencia.

Así, de unos captadores mecánicos la información salía -convertida en pulsos eléctricos- hacia el chip, que reinterpretaba en ceros y unos la posición del acelerador, la presión de entrada de combustible o la operatividad del arranque en frío. Para modelos tan ‘tecnológicos’ como el Fiat Uno -que poseía un panel de instrumentos digital-, el sistema parecía un vistazo al futuro.

Imagen de un Carburador Electrónico
Image by Apasiatech from Pixabay

Excepto porque no lo fue. Como buena ‘tecnología puente’, perdió la batalla frente a los primeros sistemas de inyección mecánica. Además, el paso del tiempo -y la cabezonería de los turineses- reveló la peor cara del invento: fallaba constantemente, y de mil locas formas distintas. ¿Quién pensó que algo tan ‘vivo’ como la carburación podía hacer buenas migas con la siempre vulnerable electrónica?

Velocidad presidencial

Mientras tanto, al otro lado del Atlántico, el presidente de EE.UU., Jimmy Carter, se encontraba abrumado por las altísimas cifras de siniestralidad en carretera que se registraban en el país. Y ya que era el hombre más poderoso del mundo, decidió hacer algo al respecto: censurar los velocímetros de los coches, para que ninguno marcase velocidades por encima de los límites legales.

Imagen de un velocímetro de un DeLorean DMC-12
Image by DeLorean Motor Company California

Con la -loable y subliminal- intención de disuadir a los conductores de circular ‘a todo gas’, esta ley tan extraña se mantuvo desde finales de los setenta hasta finales de los ochenta, cuando fue derogada por Ronald Reagan. Durante aquel periodo, ningún coche comercializado en Norteamérica se libró de este ‘retoque’. Y, por si te lo preguntas… no cumplió con su propósito.

Licenciado en Periodismo, comencé mi andadura en prensa local con el Heraldo de Soria y terminé haciendo labores de comunicación para la Biblioteca Digital del Ayuntamiento de Madrid. Agradecido de poder expresar con mi trabajo mi amor por los coches. Petrolhead a tiempo completo y, cuando no estoy trabajando, pilotillo en simuladores de conducción. Sólo estoy vivo cuando estoy en la carretera. Creo firmemente en un uso responsable de la tecnología. Por ello, mi cometido aquí es contribuir a que la sociedad pierda el miedo frente a los avances y cambios que trae.

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