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Tecnología por el mundo: TVR Griffith

La tradición considera a los deportivos británicos como salvajes, difíciles de mantener y poco -o nada- tecnológicos. Ahora, vuelve para romper con estos tópicos... una de las marcas que ayudaron a instaurarlos.

Imagen frontal del TVR Griffith

Lo bonito de la automoción es que existen tantos modelos distintos de coche como personalidades. Los hay modestos y recatados, ideales para pasar desapercibido. También los hay llamativos y atractivos, los más ‘vacilones’ del lugar. Y luego… está la muy extraña categoría de los que son extremadamente ruidosos e indiscretos… y se vanaglorian de ello.

Si quisieras poner un ejemplo del equivalente automovilístico a tu ‘brasas’ de cabecera, sin duda pensarías en el típico ‘muscle-car’ americano. Pero no hay que irse tan lejos. A nuestro lado del Atlántico, hay vehículos que guardan un profundo parentesco ‘camorrista’ con aquéllos: los deportivos británicos. Refinados en apariencia, pero igualmente estridentes y difíciles de manejar. O más todavía, si cabe.

Esta peculiar fama procede, principalmente, de sus muchos constructores artesanales, los cuales llevaban su pasión todo lo lejos que sus escasos y rudos medios les permitían. No había sitio para la calidad o la fiabilidad… y mucho menos para la tecnología punta.

De entre estos artesanos, destaca uno cuya historia merecería un guión de Netflix: TVR. En 1946, Trevor Wilkinson usó las tres letras más importantes de su nombre para fundar TVR Engineering, un equipo de carreras que puso en el mapa del Reino Unido al pequeño pueblo de Blackpool. Sin embargo, desde la década de los sesenta -cuando se reconvirtió a fabricante de deportivos en series cortas- no ha hecho más que capear temporales, resumibles en tres quiebras y cuatro cambios de propietario.

Y, a pesar de todo, en su periodo de mayor estabilidad -la segunda mitad de los noventa- se las apañaron para ganarse su hueco en el imaginario de los aficionados. El videojuego Gran Turismo llevó a bestias como su Griffith a millones de salones de todo el mundo, donde los jugadores pudieron comprobar que este deportivo era rápido y bello… pero no admitía bromas.

¿La fiera… domada?

En los últimos años, los actuales dueños de la firma se han preocupado de que su legado tan heterogéneo no se pierda en el olvido. Y, desde 2018, trabajan para darle una continuidad en el tiempo. Tal propósito es el que persigue el nuevo Griffith, cuya primera unidad ha recibido su matrícula en muy recientes fechas.

Al igual que otras ‘startup’, TVR te pide que registres tu interés por el modelo en su web… y lo acompañes con un depósito de 5.000 libras esterlinas. A partir de ahí, sólo queda esperar a que empiece la magia.

Imagen posterior del TVR Griffith

¿Y qué te llevarás a cambio? Para empezar, el ingenio del mismísimo Gordon Murray aplicado sobre el chasis. El esqueleto de tubos de aluminio -reducido a la mínima expresión- se completa con paneles estructurales en fibra de carbono. Ello proporciona una gran ligereza, mayor que la que obtenía el viejo modelo con su carrocería en fibra de vidrio. Y, por supuesto, una resistencia a las torsiones exponencialmente superior.

Porque de ‘torsiones’, su V8 firmado por Cosworth va sobrado. Con 5 litros de cubicaje y 480 CV de potencia, cumple con los preceptos de su estirpe: sus cortos escapes -ocultos bajo las aletas delanteras- meten ruido, y es capaz de firmar el asfalto con las huellas de sus neumáticos traseros.

Eso sí, toda la mecánica se ha distribuido para asegurar un reparto de masas igualitario -50:50- entre el frontal y la parte posterior. Así que, si quieres ‘jugar’ con él… puede que ‘te deje’ hacerlo.

Interior del TVR Griffith

¿Pero qué hay de la tecnología? Dejando aparte el control de tracción -única ayuda para el conductor-, el habitáculo del Griffith sí otorga generosas concesiones al infoentretenimiento. Por ejemplo, en el completo -y atractivo- ‘Virtual Cockpit’ que se encuentra tras el volante. O -también- en el curioso sistema multimedia, cuya pantalla vertical de 8 pulgadas recuerda a las de los actuales McLaren. Incluso se permite el placer de ofrecerte su llave inteligente, para que disfrutes de su conducción sin tener que sacarla del bolsillo.

Licenciado en Periodismo, comencé mi andadura en prensa local con el Heraldo de Soria y terminé haciendo labores de comunicación para la Biblioteca Digital del Ayuntamiento de Madrid. Agradecido de poder expresar con mi trabajo mi amor por los coches. Petrolhead a tiempo completo y, cuando no estoy trabajando, pilotillo en simuladores de conducción. Sólo estoy vivo cuando estoy en la carretera. Creo firmemente en un uso responsable de la tecnología. Por ello, mi cometido aquí es contribuir a que la sociedad pierda el miedo frente a los avances y cambios que trae.

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