Expertos HC

¿Sueñan los jóvenes con supercoches eléctricos?

Todas las eras de la automoción tienen sus mitos. Y, aunque la actual esté más llena de electricidad que de gasolina... sigue habiéndolos. Y a patadas.

Imagen del RITwo con las puertas abiertas en vertical

Todos los que somos fanáticos de los coches nos hemos introducido en esta especialidad gracias a nuestros ‘sueños con ruedas’. A todos esos supercoches que -primero- nuestro padre no pudo regalarnos al obtener el permiso, que -luego- no hemos podido adquirir de segunda mano y -a buen seguro- tampoco seremos capaces de legar a nuestros nietos.

Han estado con nosotros todo este tiempo, desde los primeros pósters que colgábamos en nuestras habitaciones hasta las horas de entretenimiento pasadas en los simuladores con sus rendiciones virtuales. Y eso, por no hablar de las estanterías llenas con sus reproducciones en miniatura…

Dependiendo de tu edad, querido lector, recordarás modelos distintos. Por ejemplo, si viniste al mundo en los setenta, tus dioses se llaman Ferrari Testarossa, Lamborghini Countach o Porsche 959. Un servidor -aunque nacido algo más tarde- venera el asfalto que pisan.

Pero he de añadir algunos más que vinieron después. Como el Jaguar XJ220, espectacular lo mires por donde lo mires. O el Lamborghini Diablo SV, tan crudo de pilotaje como ‘macarra’ en su estética. O el Ferrari F50, un auténtico Fórmula 1 con matrícula y ‘papeles’. Y cómo olvidar al Porsche 911 más radical de la historia -el GT1-, que ya dominaba en Le Mans mucho antes de que trazaran en Zuffenhausen el primer boceto del 918 Hybrid.

Definitivamente: cada uno de los que componemos esta sentimental ‘tribu’ tenemos nuestros propios ídolos, los cuales suelen coincidir en el tiempo con la época de nuestra infancia o adolescencia.

Y ello me lleva a lanzar una pregunta: ¿Se mantiene esta máxima en la actualidad?

Un firmamento repleto de estrellas

La respuesta es . Y me atrevo a más: nunca antes este segmento -tan exclusivo él- ha tenido mejor salud.

Como bien sabes -pues lo hemos contado infinidad de veces en estas páginas-, el futuro de la automoción pasa -¿o lo hacen pasar?- por la electricidad. Y ni siquiera las marcas más caras y elitistas permanecen protegidas frente a ella.

Imagen frontal del Lamborghini Sián

Eso sí, los principales constructores se lo han tomado de la forma correcta. Ahí tienes, por ejemplo, la apuesta por la hibridación de aquellos más reconocidos por el arte de sus motores. El SF90 Stradale y el Sián demuestran que la ‘salida’ más beneficiosa y racional es la de aprovechar la acción eléctrica como un ‘afinador’ de los movimientos mecánicos propios de la combustión.

Si bien en un automóvil generalista -como el extinto Honda CR-Z– este método puede estar algo fuera de lugar, a estos niveles -donde un manejo más o menos agradable decanta la decisión de compra- se convierte en el arma perfecta.

Imagen del Pininfarina Battista eléctrico rodando por una carretera

Pero, sin duda, lo mejor de esta era de sueños electrizantes es el aluvión de supercoches eléctricos puros que tenemos encima. La veda se abrió hace casi un año -en el Salón de Ginebra- con la presentación del Pininfarina Battista. Y, desde ese momento, muchos modelos han seguido sus pasos, a cada cual más rápido y sofisticado que el anterior.

Varias marcas ya asentadas se han apuntado a esta ‘corriente’ -nunca mejor dicho-, con resultados como el ‘irreal’ Lotus Evija o el prometedor Porsche Taycan. No obstante, en este periodo han surgido -como setas tras la lluvia- multitud de pequeñas nuevas compañías que, siguiendo el esquema ‘startup’, han mostrado sus atrevidas propuestas.

Imagen del prototipo Dendrobium

Aquí se me ocurren infinidad de ejemplos, como el Dendrobium D-1, el Rimac Concept Two o -en un escalón inferior- el Mullen Qiantu K50. Todos ellos cuentan de su parte con la mayor facilidad que parece existir para fabricar un eléctrico ultrarrápido antes que uno análogo de combustión. Especialmente, porque muchos proveedores ofrecen la tecnología ya lista para usar.

Entonces, ¿triunfarán entre los infantes y jóvenes de hoy? Mi apuesta es un sí rotundo. Principalmente, porque estos modelos -por construcción y equipamiento- son tan tecnológicos como ellos mismos. Y eso conducirá a que esta generación se identifique con ellos y los venere como objetos de culto, de la misma forma que ocurre con las redes sociales o los smartphones más caros de Apple o Samsung. Puede que, en estos tiempos de cambio, la afición por los coches cambie también… pero mucho menos de lo que a priori podríamos pensar.

Diego García
Licenciado en Periodismo, comencé mi andadura en prensa local con el Heraldo de Soria y terminé haciendo labores de comunicación para la Biblioteca Digital del Ayuntamiento de Madrid. Agradecido de poder expresar con mi trabajo mi amor por los coches. Petrolhead a tiempo completo y, cuando no estoy trabajando, pilotillo en simuladores de conducción. Sólo estoy vivo cuando estoy en la carretera. Creo firmemente en un uso responsable de la tecnología. Por ello, mi cometido aquí es contribuir a que la sociedad pierda el miedo frente a los avances y cambios que trae.

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