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Subastan el eléctrico más avanzado ¡del siglo XIX!

La Semana del Automóvil de Monterrey no sólo brinda superdeportivos exclusivos… Los amantes de los clásicos también tienen mucho de lo que disfrutar. El mejor ejemplo es el Riker Electric Car, un coche eléctrico de los albores de la automoción.

Riker Electric Car tres cuartos
Foto: Worldwide Auctioneers

Hace 121 años, un visionario fabricó uno de los coches eléctricos que marcaron un hito en la historia de la automoción. El Tesla de finales del siglo XIX se llamaba Riker, y se dedicaba principalmente a la producción de camiones y furgonetas de reparto eléctricas. Sin embargo, a día de hoy, su primer vehículo de pasajeros sigue funcionando a la perfección.

Con ustedes, Andrew L. Riker

Su creador, Andrew L. Riker, mantenía una estrecha relación con Henry Ford. Abandonó la universidad muy pronto, y empezó a experimentar con la unión de un motor y una batería en una bicicleta Coventry. En 1888 funda en Brooklin la Riker Electric Motor Company, que un año después se convertiría en la Riker Motor Vehicle Company.

Andrew Riker fue fundador y presidente de la Sociedad de Ingenieros de Automoción, mientras Henry Ford ocupaba la vicepresidencia de esta institución. Su especialidad era la electrificación de vehículos, aunque también demostró saber mucho acerca de la propulsión mediante gas… Y, cuando vendió su compañía, Riker se pasó a los vehículos convencionales de gasolina.

El Riker Electric Car llegaría a disfrutar de la gloria en competición, ganando algunas de las primeras carreras de la historia del automovilismo, como la primera carrera de 50 millas de distancia celebrada en EE.UU. Téngase en cuenta que, en estas competiciones, el Riker se enfrentaba a todo un elenco de rivales de combustión interna.

Su motor entregaba al eje trasero 1,5 kW de potencia (2 CV), suficientes para alcanzar unos respetables 65 km/h para la época. Unida a él, montaba una caja de cambios de tres velocidades hacia delante y dos velocidades hacia atrás. Todavía no se podía encontrar un volante por ninguna parte: Se manejaba con una barra de timón. Por su parte, toda la información del cuadro de instrumentos se reducía a un medidor de voltios y amperios.

Por qué hay que quitarse el sombrero

Mención especial merece cómo la Exposición Universal de París de 1900, el Riker fue galardonado con la Medalla de Oro a la Excelencia… Una especie de sello de calidad de la época. No es para menos cuando ya ofrecía una autonomía de 80 km hace más de 120 años.

La comparación entre los avances en prestaciones y los conseguidos en el rango que se puede recorrer con un eléctrico, es cuanto menos llamativa. Desde luego, el estado de conservación que a día de hoy luce la unidad también merece un premio… sobre todo si se toma en consideración que nunca se ha sometido a una restauración. Ahí sigue la matrícula de cuero original con las iniciales de Andrew L. Riker (ALR), y su documentación como primer coche registrado en toda la historia del estado de Nueva York.

El vehículo permanecería en manos de la mujer de Andrew Riker hasta la muerte de éste último en 1930. Ese año fue donado al Museo Henry Ford, donde permanecería hasta 1985, cuando salió por primera vez a subasta… y lo compraron los herederos de los Riker. 34 años después, deciden volver a subastarlo aprovechando la celebración de la Semana del Automóvil de Monterrey (California). Allí, como parte de las actividades, los visitantes pudieron pujar por él el pasado 15 de agosto. La casa Worldwide Auctioneers se encargó de la tradicional subasta Pacific Grove. La familia Riker optó por no establecer un precio de salida.

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