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Redes 5G: ¿son ciberseguras o un riesgo para tu móvil, tu coche…?

El director del CNI afirmó que el 5G va a hacer sufrir nuestra seguridad, pero las operadoras de telecomunicaciones le contradijeron. ¿Quién tiene razón? ¿Será esta red más o menos segura que el 4G?

Imagen de una calle vista desde la pantalla de un móvil
Fotos: Pexels de Pixbay.

La mayoría de los analistas, consultores, las propias operadoras… coinciden en que el estándar 5G es más seguro que su predecesor 4G -con el que, por cierto, va a convivir, igual que el 3G-. Además, como efecto colateral de la presión que la Administración Trump está ejerciendo para que se elimine a Huawei del despliegue de las nuevas redes en Occidente, se está examinando con lupa todo lo que está relacionado con esta quinta generación de tecnología móvil.

Y, sin embargo, el propio director del Centro Nacional de Inteligencia -CNI-, Félix Sanz Roldán, en la apertura de la Feria Internacional de Defensa inaugurada en IFEMA el pasado 30 de mayo, dijo que, con el 5G, «nuestra seguridad va a sufrir aún más». Es cierto que también lo matizó apuntando que España estaba en una buena situación por la fortaleza de su propio operador -Telefónica- como por la extensa red de fibra con la que contamos.

Inmediatamente, las operadoras contestaron al director del CNI diciendo que el 5G va a ser tan seguro como el 4G o el 3G.

¿Más o menos ciberseguridad?

¿Son compatibles ambas afirmaciones? La llegada del 5G ¿puede ser segura y hacer sufrir «aún más» a nuestra seguridad simultáneamente? Parece antitético, contradictorio, pero, sin embargo, no lo es.

Las redes 5G pueden, como dicen las operadoras, haber sido sometidas a miles de pruebas y ser seguras en sí mismas. Pero el escenario hacia el que nos movemos es muy diferente precisamente debido a que entra en juego el 5G.

Hemos oído, leído y escrito en muchas ocasiones que la nueva generación móvil traerá consigo no sólo un aumento de entre 10 y 100 veces la velocidad y que la latencia se medirá no en segundos sino en milisegundos -y pocos-. La tercera pata de la ecuación 5G es el número de dispositivos conectados. Se calcula que cuando esté desplegada, esta red de nueva generación podrá atender 1.000 veces más dispositivos que las actuales y que en un área de un kilómetro cuadrado podría haber hasta un millón de equipos comunicándose.

Vamos hacia un panorama en el que el salto en la automatización va a ser exponencial y cada vez más y más tareas van a ser desempeñadas por mecanismos automatizados controlados a distancia por sistemas de inteligencia artificial o de realidad aumentada. Desde la conducción autónoma hasta las intervenciones quirúrgicas; desde la fabricación de componentes hasta la extracción de recursos…

Cuantas más conexiones, cuantos más datos en circulación y más miles de millones de equipos conectados, más posibilidades de fuga.

Hay que pensar en ciudades en las que los semáforos o las señales de tráfico hablan con los vehículos, saben su estado, la velocidad, si hay peatones, si se acerca una bicicleta o si por el ademán ese paseante va a cruzar la calle o no… Los camiones de la basura no la recogerán según rutas preestablecidas sino en función de que los sensores indiquen que los contenedores están llenos, las farolas se encenderán no sólo porque la célula indica que hay poca luz o por el temporizador sino porque detectan el paso de ciudadanos o de vehículos… Son ejemplos nimios de lo que van a ser las ciudades en un par de años. Y todo eso estará soportado en buena medida por las redes 5G.

La clave: los datos

Si abrimos el plano, todas las infraestructuras son ahora dependientes de los datos, desde la producción de energía, hasta la distribución de agua.

La generación y el tráfico de datos va a crecer en una progresión geométrica y allí donde hay un dato hay alguien que quiere extraerlo para hacer negocio de una u otra forma con él. Y ahí es donde entra la seguridad. Cuantas más conexiones, cuantos más datos en circulación y más miles de millones de equipos conectados, más posibilidades de fuga.

Añadamos a este escenario el hecho de que los nuevos bloques geopolítico-económicos se están dotando de escuadrones de crackers para influir en el bando contrario: inclinar la balanza en un referéndum como el Brexit, o en una campaña electoral como la que aupó a la presidencia de Estados Unidos a Donald Trump, o manipular la opinión pública internacional con la nueva leyenda negra en torno al Procés.

Soluciones desde Europa

A pesar de que las operadoras se muestren tan contundentes sobre la seguridad de las redes, ni los tiempos son los mismos ni el escenario político lo es. Una muestra es que la Comisión Europea el pasado 26 de marzo publicó una recomendación específica para garantizar la seguridad de las redes 5G.

La idea es que para el 31 de diciembre de este año cada país miembro haya identificado los posibles riesgos para la seguridad en todos sus aspectos, se hayan compartido y creado un marco común de seguridad y se haya elaborado un conjunto de medidas con las mejores prácticas nacionales de mitigación de riesgos.

El último párrafo de una tribuna libre de Julian King, comisario de Seguridad de la Unión Europea, publicada recientemente es suficientemente explícita sobre el tema: «Al hacer todo esto, debemos combatir la doctrina que se ha aplicado a la 4G, que ha convertido el precio en el elemento determinante de la toma de decisiones. Queremos situar la seguridad en el centro de estas decisiones. Garantizar la seguridad de una red que será la superautopista de todos nuestros datos y gran parte de nuestras vidas es sin duda algo por lo que merece pagarse un poco más».

Javier López Tazón
Licenciado en Ciencias de la Información, he trabajado en diversas áreas, funciones y responsabilidades en los principales grupos de prensa españoles, desde publicaciones del grupo Zeta, hasta Unidad Editorial, pasando por Prisa e, incluso, en la dirección de la legendaria Ciudadano. Durante mi largo periodo en Unidad Editorial, donde fui redactor jefe y corresponsal tecnológico, creé y publiqué el primer videoblog que se editó en España, Entre Bits & Chips, en el que analicé desde el primer iPhone que llegó a España hasta patinetes eléctricos. Me gusta saber cómo funcionan las cosas; si lo hacen bien o no, cuáles son los puntos fuertes y los débiles de un equipo y a ello me he dedicado 25 años. En la actualidad, compagino mi actividad como periodista en mi propia publicación con una aventura vinculada con la Inteligencia Artificial: Leo, el primer robot periodista en castellano.

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