Tecnología HC

Qué ocurre cuando falla la tecnología

Los sistemas que lleva tu nuevo coche están para hacer de tus trayectos un agradable y placentero recuerdo. Pero no son irrompibles. ¿Qué sucede en esta situación? ¿Es sencillo devolverles su operatividad?

Ejemplo de Ayudas a la Conducción

Si ha pasado poco tiempo desde que estrenaste coche nuevo, muy seguramente éste posea uno o varios asistentes que -admitámoslo- facilitan mucho la tarea de desplazarse.

Al igual que el tuyo, prácticamente todos los coches que han pasado por HACKERCAR cuentan con un amplio abanico de ayudas a la conducción. Así, hemos llegado a probar vehículos que se las apañan solos en los atascos -como el Toyota C-HR o el DS 7 Crossback-, pueden aparcar por su cuenta -como el Ford Focus– o, incluso, te indican el precio del litro de gasolina, como los últimos Renault Clio y Captur. Y todo esto, actuando apenas sobre un botón o dos.

Esta sencillez de manejo, sin duda, contrasta severamente con la complejidad de las técnicas que permiten su funcionamiento. Sensores, radares, cámaras… equipos electrónicos con una precisión mayor de la que cabría imaginar. Por no hablar del ‘software’ que los controla, el cual no sólo ha de estar adecuadamente programado sino, además, ser ciberseguro.

¿Y si algo ‘se rompe’?

Echando un vistazo al manual de instrucciones de cualquier coche moderno, siempre aparece una frase de advertencia: «En caso de agrietamiento o rotura del parabrisas, tras la sustitución del mismo haga verificar la calibración de las cámaras frontales».

En el apartado de la carrocería, surge otra muy similar: «Tras un accidente con daño en los paragolpes, repare o sustituya las piezas afectadas a la mayor brevedad posible». Y es que las ADAS, en buen estado, te mantienen cómodo y seguro. Pero, cuando se averían, empieza la pesadilla…

¿Por qué? Sencillo: la mayoría de cámaras o sensores operan -en su forma más básica- emitiendo ondas. La detección que recibes en el panel de instrumentos tiene lugar cuando dichas ondas chocan contra ‘algo’, bien sea otro vehículo u obstáculo.

Al rebotar la onda -y retornar al emisor-, el sistema interpreta el hallazgo, y calcula la distancia que lo separa de él. De ahí que, por ejemplo, en un radar de proximidad, la advertencia acústica varíe en función de lo cerca o lejos que estás de topar con el objeto.

Para estos cálculos, es esencial que el detector esté siempre en la misma posición, cosa que podría cambiar si -por ejemplo- recibe un golpe que lo desplaza. O surge un percance que bloquea su campo de visión. En ese supuesto, la medición del dispositivo podría no ser correcta y, por tanto, la unidad de control actuaría con una información equivocada. El resultado lo puedes imaginar: el asistente en cuestión quedaría inutilizado.

Por ello, si alguna vez deja de funcionar una ayuda a resultas de un percance, lo mejor es pasar cuanto antes por el taller. Y, de cara a poder seguir usando las funciones de tu coche, cerciórate de que el local -y sus técnicos- están preparados para recalibrar o reprogramar todos los mecanismos de detección. En caso de duda -a pesar de lo ‘doloroso’ de la factura-, lo mejor es acudir al servicio oficial de tu marca.

Diego García
Licenciado en Periodismo, comencé mi andadura en prensa local con el Heraldo de Soria y terminé haciendo labores de comunicación para la Biblioteca Digital del Ayuntamiento de Madrid. Agradecido de poder expresar con mi trabajo mi amor por los coches. Petrolhead a tiempo completo y, cuando no estoy trabajando, pilotillo en simuladores de conducción. Sólo estoy vivo cuando estoy en la carretera. Creo firmemente en un uso responsable de la tecnología. Por ello, mi cometido aquí es contribuir a que la sociedad pierda el miedo frente a los avances y cambios que trae.

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