Tecnología HC

Qué mítico alerón ha cumplido 50 años

La tecnología aplicada a todos los elementos de un automóvil ha sido imparable en las últimas décadas. Y la aerodinámica ha sido una de las ramas más favorecidas... sobre todo cuando llegó el primer alerón.

imagen Porsche 911 rs 2.7

Y aunque eso de los alerones nos suene como algo relativamente reciente que tiene que ver con el mundo de las preparaciones ‘extremas’ de ciertos vehículos, en realidad es algo que una marca como Porsche empezó a utilizar hace nada menos que medio siglo. El coche que lo estrenó fue, por supuesto, el 911 y más concretamente un modelo que la firma alemana desarrolló para competir tanto en circuitos como en rally: nos referimos al Carrera RS 2.7.

Desde aquel momento, en la gama Porsche se han sucedido diversos RS que venían a identificar aquellos modelos que suponen el vínculo más estrecho entre los modelos ‘de calle’ y los destinados a la competición. El original destacaba por mucha cosas, pero la principal saltaba a la vista: su afinada aerodinámica.

De hecho, venía equipado con un spoiler en la parte delantera y, sobre todo, un llamativo alerón trasero que, por su colocación y diseño, hizo que este deportivo recibiera, entre otros, el sobrenombre de ‘cola de pato’ o ‘Entenbürzel’ en alemán. Comenzaba en ese momento una moda en coches de calle, como era la de dotar a los vehículos más deportivos -o no tanto- de alerones.

Para dar vida a este primer Porsche, que también fue el primero en lucir la denominación ‘Carrera’, un total de 15 ingenieros se pusieron manos a la obra con la finalidad de que fuese un modelo repleto de tecnología enfocada a un único fin: que fuese el instrumento definitivo dentro y fuera de la pista. Los trabajos dieron comienzo en mayo de 1972 y se centraron no solo en mejorar la aerodinámica: también el peso, el motor y el chasis.

De inicio se pensó en una producción de 500 unidades y que el modelo se pudiera homologar en el denominado Grupo 4 de coches GT especiales, lo que significaba que era un modelo que los clientes podían comprar para utilizar en carretera… y para competir.

La cuestión es que tuvo tanto éxito que, al final, se ensamblaron 1.580 unidades apenas un año después y con diferentes especificaciones -versión aligerada, versión Touring, modelos exclusivamente para competir…-.

imagen Porsche 911 rs 2.7

El motor que se empleó era un 2.7 litros, por supuesto bóxer de seis cilindros opuestos, con inyección y una potencia de 210 CV, cifra que no estaba nada mal para un vehículo que con las especificaciones de la variante Sport se quedaba por debajo de la tonelada, concretamente en 960 kilos. Por ese motivo, la velocidad máxima era superior a 245 km/h y la aceleración de 0 a 100 km/h se hacía en 5,8 segundos.

Y entra en juego… la cola de pato

El primer alerón equipado en un coche de calle se lo debemos a tres personas: Hermann Burst, Tilman Brodbeck y Rolf Wiener. Después de cientos de horas en el túnel de viento y en las pistas de prueba, consiguieron el objetivo de que el 911 conservase todo su carácter, que hiciera su trabajo aerodinámico lo mejor posible y que su tamaño no fuese desproporcionado. ¿Qué lograba este apéndice?

En su posición, presionaba la parte posterior del vehículo contra el suelo, al tiempo que le daba un extra de aire a la refrigeración del motor. No solo eso: tampoco perjudicaba la resistencia al avance, es decir, que las prestaciones no se resentían.

Es más, en las pruebas se comprobó que podían incrementar la velocidad máxima colocando un alerón más alto y que eso reducía la mencionada resistencia. Así que le fueron añadiendo milímetros hasta que llegó un punto en el que el alerón empezaba a afectar a la velocidad, pero en ese momento ya habían conseguido incrementar la velocidad punta en 4,5 km/h.

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