Expertos HC

¿Puede un coche eléctrico ‘morir de éxito’?

¿Una buena idea que "se fue de las manos"? ¿Conspiración? Sea como fuere, el primer eléctrico verdaderamente popular acaba de ser 'ejecutado'. Y su final deja muchas sombras... y muy pocas luces.

Imagen tres cuartos trasero de un VW e-Up!

Me veo obligado a reconoceros que no sé por dónde comenzar este artículo. Y es que no alcanzo a determinar si estamos -una vez más- ante la tozudez de una Historia que tantas veces tiró por tierra al coche eléctrico… O si, por el contrario, estamos ante la enésima ‘fiesta aguada’ de uno de los principales constructores de nuestro continente.

Vamos a empezar por los hechos: acabamos prácticamente de conocer -a través de varios medios y expertos europeos– que el Grupo Volkswagen ha cerrado la tramitación de nuevos pedidos para los VW e-Up!, Seat Mii Electric y Skoda Citigo e iV. De hecho, al cierre de esta columna el modelo checo ya sólo puede adquirirse desde ‘stock’ o ‘kilómetro 0’. Los otros dos aún permanecen en los configuradores web de sus marcas, si bien no deberían tardar demasiado en desaparecer.

¿Cómo se ha llegado a esto?

La respuesta rápida nos lleva a concluir que éste es un caso perfecto de ‘muerte por éxito’. La respuesta larga comienza en el momento y hora en que los especialistas de VAG deciden resignificar su línea de microurbanos hacia la electrificación pura.

Con ello consiguen matar varios pájaros de un tiro: se van anticipando a las exigencias medioambientales europeas -por sus límites de emisiones-, y le otorgan a estos buenos -pero desconocidos- coches una segunda vida como vehículos realistas y sostenibles para la gran ciudad. También, en el plano empresarial, esta estrategia supone una buena ‘comprobación de las aguas’ antes de zambullirse con todo en el mercado de la automoción eléctrica. Mercado al cual -no olviden- el conglomerado alemán llega algo tarde.

Imagen del nuevo Seat Mii eléctrico en color azul tres cuartos delantero

Pero lo que jamás estuvo previsto en los Powerpoint de estos astros del márketing fue el coronavirus. Buscando la rápida recuperación de la industria automotriz tras el confinamiento, los gobiernos europeos -el nuestro, también– han abierto el grifo de las ayudas a la compra, especialmente para modelos eléctricos. Y ha sido entonces cuando, quienes no pensaban meterse en esa ‘cajita’ metálica por 22.000€… lo hicieron sin pensárselo dos veces por 12.000€.

A partir de aquí, el déficit de estos precios ultrarrebajados frente a los costes de producción ha actuado como ‘soga de horca’ para Volkswagen, quien -paradójicamente- veía sus cuentas severamente dañadas por la popularidad repentina de los pequeños. Finalmente, la solución parece que ha llegado -como siempre en la firma germana- con una maniobra política: poner fin al experimento y preconizar la salida de modelos como los ID.3, ID.4 y Enyaq, los cuales poseen mayores márgenes de beneficio.

¿Y ahora, qué?

Para ser francos, este fiasco aleja -una vez más- la idea de un ‘automóvil eléctrico popular’, devolviéndola al cajón de las utopías. La causa es, sin duda, una delicada ecuación de rentabilidad rota en mil pedazos por el caos. Y es grave, porque lleva aparejada la terrible realidad –como nos recuerdan ciertos ‘whistleblowers’– de que no habrá baterías para todos. Por tanto, queda abierta la puerta a un futuro marcadamente elitista para esta forma de propulsar un coche.

Imagen Skoda Citigo iV

Porque está claro que la ‘falta de voluntad’ del consumidor no es el problema. Este caso demuestra nuevamente que lo que falta para extender el coche eléctrico no son voluntarios, sino financistas. Así pues, la verdadera prioridad para una automoción sostenible no pasa por mayor conectividad o autonomía… sino por hacer su tecnología realmente asequible.

Un camino extremadamente difícil si tenemos en cuenta que el ‘ingrediente central’ de los eléctricos -el litio de sus baterías- es un elemento finito cuyo rendimiento energético alcanzó su límite hace mucho tiempo. De modo que, mientras la tecnología no nos ‘salve’, correrán «malos tiempos para la lírica»…

Diego García
Licenciado en Periodismo, comencé mi andadura en prensa local con el Heraldo de Soria y terminé haciendo labores de comunicación para la Biblioteca Digital del Ayuntamiento de Madrid. Agradecido de poder expresar con mi trabajo mi amor por los coches. Petrolhead a tiempo completo y, cuando no estoy trabajando, pilotillo en simuladores de conducción. Sólo estoy vivo cuando estoy en la carretera. Creo firmemente en un uso responsable de la tecnología. Por ello, mi cometido aquí es contribuir a que la sociedad pierda el miedo frente a los avances y cambios que trae.

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