Prueba a fondo

Probamos el Mazda CX-30 Skyactiv-X

El Mazda CX-30 remata su gama con la adición del Skyactiv-X, la última evolución de una tecnología que la marca japonesa mantiene contra las tendencias vigentes. ¿Es una alternativa real al resto de motores gasolina?

Imagen frontal del Mazda CX-30

Qué debes saber sobre el Mazda CX-30 Skyactiv-X:

Que es uno de los modelos más recientes de Mazda. El Mazda CX-30 se presentó en 2019 y está a punto de cumplir su tercer año de vida comercial. Se trata del primero de una nueva línea de crossovers que la marca japonesa irá poco a poco ampliando: los siguientes serán los CX-60 y CX-80.

Que puede venir muy equipado. La unidad de la prueba pertenece a la terminación especial ‘100 Aniversario’, creada para celebrar el centenario de Mazda y que ya no está disponible. En la gama actual, su equivalente sería el Zenith: figura como el más completo, y ofrece elementos como el control de crucero adaptativo, faros full Led o un equipo de audio Bose por unos 33.775€ según el configurador web.

En ocasiones, la estandarización impuesta por las tendencias de esta industria nos impide pensar en otras maneras de hacer las cosas. Afortunadamente, parece que todavía quedan fabricantes e ingenieros dispuestos a recordarnos que un mismo fin puede alcanzarse por más de un camino.

En el caso que nos ocupa, el fin no es otro que cumplir con las exigentes normativas en materia de emisiones. Un problema que la mayoría de constructores han querido remediar reduciendo el tamaño de sus propulsores a la mínima expresión, recortando de paso cilindros y confiando toda su fuerza a turbocompresores diseñados al milímetro.

Imagen posterior del Mazda CX-30

Demos, por tanto, gracias a Mazda por inventar su motor Skyactiv. A pesar de la sofisticación que sugiere su nombre, esta tecnología parte de una premisa muy simple: dado que la combustión por chispa parece haber tocado techo en eficiencia… ¿Por qué no aumentarla a base de conseguir en el cilindro de un motor gasolina una compresión similar a un diésel? Un cambio en los pistones y las cámaras lo hace posible desde 2012. Y el CX-30 es el último en disfrutar de su última iteración, ahora denominada Skyactiv-X.

Candidato a ‘rey de la ruta’

Con los mismos 2 litros de cubicaje que el anterior Skyactiv-G, entrega 186 CV por los 122 de aquél. A nivel de sensaciones de manejo, el Skyactiv-X marca diferencias muy radicales con respecto a los habituales bloques turbo del resto de marcas. No en vano, ofrece buena parte de su fuerza ya a revoluciones relativamente bajas -por ejemplo, 2.000 RPM-.

De hecho, es posible conducir de manera fluida si seguimos las sugerencias de cambio de marcha que el propio coche nos propone a través de un indicador en el panel de instrumentos. Cosa que en otros modelos de similar relación peso-potencia no es tan sencillo.

Vista motor Skyactiv-X del Mazda CX-30

A pesar de su condición de atmosférico, acelerar no produce tampoco un aumento escandaloso de revoluciones. Eso sí, el aumento resultante en el impulso se deja notar mucho más que en su predecesor.

Por otro lado destaca también su capacidad de recuperación en marchas largas, lo cual te ahorra cambiar a una velocidad inferior para afrontar, por ejemplo, repechos en autopista. En definitiva, no sólo se trata de un mero aumento de potencia respecto al Skyactiv-G: los 186 CV ofrecen una banda de utilización más amplia.

Panel instrumentos del Mazda CX-30

No obstante, su hábitat natural son los cruceros a velocidades legales, bien en carretera o en autovía. Esto es, su dinamismo -que lo tiene- y sus prestaciones están concebidos para disfrutarse con calma y moderación. Los amantes de la deportividad deberán fijarse en otras propuestas, pues no estamos ante un vehículo radical ni por planteamiento, ni por sonoridad.

Por su parte, el chasis da muestras de estar más que sobradamente preparado para la potencia que tiene asignada. Vira plano en toda circunstancia, con un apoyo plenamente fiable que, además de esa confianza, ofrece múltiples opciones de trazada en cada curva -te corresponde a ti decidir la correcta, claro-. La dirección es muy precisa y, junto al resto del bastidor, transmite muy bien la información al conductor.

Interior del Mazda CX-30

El cambio manual de seis velocidades -que ya conocemos de otros modelos de la marca- es, como siempre, una auténtica delicatessen. Los recorridos son cortos y precisos a rabiar, y brindan la posibilidad de realizar los cambios de marcha en apenas un segundo.

El indicador del cuadro de instrumentos -que ya hemos mencionado anteriormente- propone, en ocasiones, saltarnos marchas -por ejemplo, de segunda a cuarta-. Sin embargo, al estar orientado a ayudarte para lograr el consumo más bajo posible, no recomienda reducir a una relación más corta cuando bien podría ser necesario, como ante una cuesta empinada y a bajas revoluciones.

Por último -pero no menos importante- están los consumos, una de las grandes sorpresas. Durante toda la prueba mantuvimos una media siempre por debajo de los seis litros a los 100 km, consiguiendo un mínimo de 5,2 y un máximo de 5,6. No obstante, para lograr estas cifras, es preciso acumular previamente un rodaje generoso, cercano a los 20.000 km -nuestra unidad casi los tenía-.

Ayudas que refuerzan la tranquilidad

El control de crucero -que incorpora, además, el limitador de velocidad- es adaptativo. Dado el carácter del motor, lo más aconsejable es limitar su utilización a las autovías y autopistas… y, a ser posible, mejor cuanto más llanas sean.

El asistente de mantenimiento de carril es uno de los menos intrusivos que hemos probado. Aplica una suave -pero perceptible- corrección en la dirección. Además, te advierte con una señal acústica que puedes ajustar como un pitido… o como un ruido sordo -reproducido a través del equipo de audio- similar al ocasionado por la rozadura de las ruedas con una banda sonora.

Pantalla ADAS del Mazda CX-30

Y un detalle que nos ha encantado: si el sistema detecta una acción brusca sobre los mandos -volante o pedales- hacia el límite del carril, se anula su funcionamiento porque entiende que se trata de una maniobra de emergencia.

Como nota negativa, la cámara frontal del parabrisas es bastante sensible a las condiciones de humedad atmosférica, por ejemplo bajo lluvia o niebla. Un aspecto a revisar, pues su disfuncionamiento provoca automáticamente la desconexión -por seguridad- de todas las ayudas que la utilizan.

Los detectores de ángulo muerto funcionan adecuadamente, en la media de lo visto en sus principales rivales. Cabe destacar el correcto tamaño del testigo que, junto al pitido de advertencia al poner el intermitente, llaman la atención lo suficiente como para abortar inmediatamente el cambio de carril.

Vista 360 del Mazda CX-30

En cuanto a los sensores de proximidad, el CX-30 viene completo con frontales y traseros. Aunque disponen de la profundidad de detección justa -pues entran en funcionamiento a poca distancia del obstáculo, en comparación con otros rivales-, es posible apurar bastante hasta el pitido continuo. En esta última posición apenas te quedarán un par de centímetros antes del golpe, pero puedes estar tranquilo: el coche se frenará automáticamente para impedírtelo.

Como complemento, dispones de una vista en 360º que concede prioridad a las cámaras delantera -bajo el logo de la parrilla- y trasera. En función del sentido de la marcha, una de las dos aparecerá junto a la representación cenital en la pantalla central.

A diferencia de lo que ocurre con el pequeño Mazda 2, aquí el tamaño de la misma sí permite una visualización de gran calidad, a la altura de los mejores que hemos probado. Ésta y otras vistas se pueden activar a voluntad, gracias a un botón en el bloque de pulsadores de la parte izquierda inferior del salpicadero.

VALORACIONES
PRESTACIONES
7.5
AGRADO DE USO
8
CONSUMOS
8.5
Licenciado en Periodismo, comencé mi andadura en prensa local con el Heraldo de Soria y terminé haciendo labores de comunicación para la Biblioteca Digital del Ayuntamiento de Madrid. Agradecido de poder expresar con mi trabajo mi amor por los coches. Petrolhead a tiempo completo y, cuando no estoy trabajando, pilotillo en simuladores de conducción. Sólo estoy vivo cuando estoy en la carretera. Creo firmemente en un uso responsable de la tecnología. Por ello, mi cometido aquí es contribuir a que la sociedad pierda el miedo frente a los avances y cambios que trae.

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